Raymond Carver. Estados Unidos, 1938-1988.
ROMANTICISMO
Las noches son muy oscuras aquí.
Pero si hay luna llena lo sabemos:
sentimos una cosa en un momento
y otra distinta al siguiente.
Artefacto poético de Shirley Temperley. Un poema llega cada día a tu WhatsApp. En este blog, la recopilación de esos envíos.
Raymond Carver. Estados Unidos, 1938-1988.
ROMANTICISMO
Las noches son muy oscuras aquí.
Pero si hay luna llena lo sabemos:
sentimos una cosa en un momento
y otra distinta al siguiente.
Raymond Carver. Estados Unidos, 1938-1988.
En memoria del querido amigo Diego Danese.
Último fragmento
¿Y conseguiste lo que querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra
Raymond Carver. Estados Unidos, 1938-1988.
El poema que no escribí
Aquí está el poema que iba a escribir
antes, pero que dejé
porque te levantabas.
Estaba pensando otra vez
en aquella primera mañana en Zúrich.
Nos levantamos antes del amanecer.
Durante un instante no sabíamos dónde estábamos.
Salimos al balcón que daba
al río y a la parte vieja de la ciudad.
Allí estábamos, sin más, callados.
Desnudos. Viendo cómo se aclaraba el cielo.
Tan conmovidos y tan felices. Como si
nos hubieran colocado allí
justo en aquel momento.
Raymond Carver. Estados Unidos, 1938-1988.
Lluvia
Me desperté esta mañana con
unas ganas terribles de estar en la cama todo el día
y leer. Luché contra eso por un minuto.
Después miré la lluvia por la ventana.
Y cedí. Puse mi ser entero
en la fortaleza de esta mañana lluviosa.
¿Volvería a vivir mi vida otra vez?
¿Cometer los mismos errores imperdonables?
Sí, a la menor oportunidad. Sí.
Raymond Carver. EE.UU., 1938 - 1988.
FELICIDAD
Tan temprano que casi está oscuro todavía.
Me acerco a la ventana con una taza de café
y el atasco de siempre a estas horas de la mañana
en la cabeza.
Veo entonces al chico y a su amigo
calle arriba
repartiendo el periódico.
Llevan gorras y sudaderas,
uno de ellos con una bolsa al hombro.
Son tan felices
que no se dicen nada, estos chicos.
Creo que si pudieran, se cogerían
del brazo.
Es temprano por la mañana
y están haciendo esto juntos.
Se acercan, despacio.
El cielo empieza a cubrirse de luz,
aunque todavía cuelga pálida la luna sobre el agua.
Tanta belleza que, durante un instante,
la muerte o la ambición, incluso el amor,
no tienen cabida aquí.
Felicidad. Llega
de forma inesperada. Y sigue su camino, realmente.
Cualquier madrugada te lo dice.
Raymond Carver, EE.UU. 1938 - 1988.
CIERRAS LA PUERTA POR FUERA, LUEGO TRATAS DE ENTRAR
Así de sencillo, sales y cierras la puerta
sin pensarlo. Y cuando te das cuenta
de lo que has hecho
es demasiado tarde. Si parece
la historia de una vida, perfecto.
Estaba lloviendo. Los vecinos que tenían
una llave no estaban. Lo intenté varias veces
por las ventanas de abajo. La mirada fija
en el sofá, las plantas, la mesa,
las sillas y el equipo de música.
La taza de café y el cenicero esperándome
en la mesa de cristal, y mi corazón
que se iba hacia ellos. Les dije: hola, amigos,
o algo parecido. Después de todo,
no era tan grave.
Cosas peores habían pasado. Incluso
tenía su gracia. Encontré la escalera.
La cogí y la apoyé contra la pared.
Subí bajo la lluvia a la terraza,
pasé sobre la barandilla
y lo intenté con la puerta. Estaba cerrada,
por supuesto. Pero volví a mirar hacia dentro,
mi escritorio, los papeles y la silla.
Era la ventana por la que miraba
cuando alzaba la vista de la mesa.
Esto no es como lo de abajo, pensé.
Esto es algo más.
Había allí algo que nunca había visto
desde la terraza. Estar allí dentro y no estar.
No sé cómo explicarlo.
Pegué la cara al cristal
y me imaginé dentro,
sentado a la mesa. Alzando la vista
del papel de vez en cuando,
pensando en otro lugar
y otro tiempo.
La gente que había amado entonces.
Me quedé allí un rato bajo la lluvia.
Me consideraba el hombre más afortunado del mundo.
Incluso cuando me pasó por encima una ola de pena.
Incluso cuando me sentí francamente avergonzado
por el daño que había causado.
Le di un fuerte golpe a aquella hermosa ventana. Y entré.
Raymond Carver, EE.UU. 1938 - 1988.
Colibrí
Supongamos que digo verano,
escribo la palabra «colibrí»,
y lo pongo en un sobre
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
mi carta recordarás
estos días y lo mucho,
lo mucho que te quiero.