miércoles, 25 de junio de 2025

Poema 868. Morirse en casa.

Claudia Prado. Puerto Madryn, 1972.


morirse en casa


Encuentro notas sobre su salud

en todas partes,

las borro como borro los apuntes

de un texto terminado o de un poema

que no voy a escribir.

Indicaciones

efectos secundarios, paliativos, 

un precio, un resultado, la pregunta 

callada para el médico. 

Alcanzó con que dijera:

"Podemos seguir 

el tratamiento a la distancia".


"Mamá, ya está, llevalo a casa". 

En ambulancia  hasta el avión 

y un último tramo por la ruta,

el ritmo desparejo de las matas y siempre, 

cuando estás llegando, el mar.

¿Tendría ventanas la ambulancia?

¿Iría acostado?

En agosto a las seis no queda sol.

¿Habrá visto el naranja, el violeta, 

el cielo negro? ¿Le habrá dado 

el dolor algún momento 

para ver la belleza, la intemperie 

que era parte de su casa?

Poema 867. Conservate bueno...

Margarita Roncarolo. Córdoba, 1950-2020.


Conservate bueno. No manso, bueno.

Conservate bueno. No amnésico, bueno.

Conservate bueno. No flojo ni cobarde, bueno.

Conservate bueno. No sonriente, bueno.

Conservate bueno. No obediente, bueno.

Conservate bueno. No callado, bueno.

Conservate bueno, No indiferente, bueno.

Conservate bueno. No imparcial, bueno

Consérvate bueno. No quieto, bueno.

Pero no te creas mejor.  Eso de andar midiéndose dejalo para ellos.

Conservate bueno

Poema 866. We Tripantu // en Comodoro warria mew.

Jorge Spíndola. Comodoro Rivadavia, 1961.


We Tripantu // en Comodoro warria mew


Esta madrugada, tras la noche más larga, el sol volverá a salir. Se completa el ciclo de oscuridad y lentamente, a paso de gallo, el sol regresa sobre la tierra. Así lo vieron y entendieron los abuelos, las abuelas.   


Trekan-trekan, pasito a pasito el sol vuelve a encender los newen que dormían en cada cosa. Ya dimos vuelta la tierra, ya la nieve cayó sobre ella, ya se renuevan las fuerzas para la próxima siembra. Ya fuimos a orillas de la playa a buscar algas con Eufemia y las regamos sobre los almácigos de la quinta. Le saca lo malo, le da la fuerza del mar, decía mientras iba haciendo sus oraciones de la mañana. 


Sabíamos eso. Sabíamos que el tiempo vuelve como un espiral de luz que acuna y despierta las semillas. Sabíamos que el tiempo vuelve a pasar por nosotros, como un sueño que regresa y es otro y es el mismo. Sabíamos que el püllü vuelve en los nietos para re-encantarnos de sabiduría y de asombro. 


Sabíamos que el geranio gira leve buscando luz y sombra y sobrevive con su fuego a las heladas. 


Sabíamos que hay que encender un fuego y esperar el giro del sol con nuestros pasos. Jugábamos toda la noche, escondíamos papas debajo de la cama, hacíamos figuras con lana cruda entre los dedos. Esta es la pata de gallo y esta otra es la huella del choique en las estrellas. Sabíamos eso, a pesar del San Juan que nos sobreimprimieron, llenando la noche de espejos donde podías ver al malo diciendo las fechas de la muerte.


Hoy como siempre, tras la nieve y la helada, el sol emprende su regreso. Solsticio le decimos ahora y miramos en la web las páginas del tiempo. A la 01:24 minutos dicen que comienza el invierno astronómico en el Hemisferio Sur, pero ya sabíamos eso. Bastaba mirar el cielo, la sombra larga de las cosas, la luz de la luna en las mareas. 


Muchos viejos del petróleo hoy quedaron arriba en las pampas, sin poder bajar por la nevada. Harán noche en los trailers, lejos de sus casas y de su gente. Los caminos están helados, desde aquí se ve el lomo blanco de los cerros. Me recordaré de ellos está noche larga. Del Rafa que está allá arriba, de mi hermano Marcelo que busca huellas para encontrarlos, de mi hermano Juan Carlos y de sus ojos que siempre regresan desde el Wenu Leufu a entibiar la mesa de la familia. 


Me recordaré de los hijos y de Pía Milagros Casanova Coliboro, mi sobrina nieta que cumple su primer añito. Te recordaré, abuela Margarita Calfín siempre mirando hacia luz de la mañana entre los turnos de la fábrica. 


Y me acordaré de ti, abuela, Eufemia Alvarado Rapel, juntando algas en el bordemar cuando todavía podíamos caminar por estas playas. Recordaré tus ojos tiernos sobre esta pequeña inmensa y castigada Mapu, de tus rezos susurrantes en veliche, convocando las fuerzas del mar y de la tierra. Ten Ten y Kai Kai desatando su eterna lucha en esta quinta diminuta, donde aún perviven tus geranios, algunos que otros malvones entre el tamarisco morado del invierno.


Esta noche lavaré los ojos con agua del We Tripantu, lavaré la piel para que se vayan las pestes, lavaremos la tierra de la Eufemia con risas de sus nietos. Haremos un fuego para estar unidos al ruedo de las estrellas. Y otro fuego en mis ojos, abuela, para mirar contigo el tiempo que regresa.

Poema 865. Lógica de los accidentes.

Nurit Kasztelan. Buenos Aires, 1982.


Lógica de los accidentes


Si pudiera entender el orden

que lleva a los accidentes,

la pérdida de lo dado, la distribución

desigual de la angustia,

escribir una palabra como crave,

anhelar, ansiar, necesitar con urgencia,

pero no tiene traducción

no tiene lógica

sólo en el cuerpo.

Poema 864. El gatito.

Mary Oliver. Estados Unidos, 1935-2019.


EL GATITO 

Trad. Eleonora González Capria


Ante todo asombrada

tomé al gatito que nació

muerto completamente negro

con un solo ojo grande

en la mitad de su pequeña frente

del moisés de la gata

y lo enterré en un campo

a espaldas de la casa.


Tal vez se lo podría haber donado

a algún museo,

podría haber llamado al diario

de la zona.


Pero en vez lo llevé hasta el campo

y abrí la tierra

y se lo devolví

diciendo: era real,

diciendo: es infinitamente creativa la vida,

diciendo: cuántas otras maravillas

yacen en la simiente oscura de la tierra,


sí, creo que hice bien en salir sola

y regresarlo en paz, y cubrir el lugar

con las flores audaces de los yuyos.

Poema 863. Te di una piedra...

Macky Corbalán . Cutral Có. 1963-2014.


Te di una piedra, fantástica

combinación de brisa, sol

marino, arena y tiempo.

Y creíste que te daba el corazón.

Poema 862. Nuestros poemas no se pueden...

Ernesto Cardenal. Nicaragua, 1925-2020.


Nuestros poemas no se pueden 

publicar todavía.

Circulan de mano en mano, 

manuscritos,

o copiados en mimeógrafo. 

Pero un día 

se olvidará el nombre 

del dictador contra quien

fueron escritos,

y seguirán siendo leídos.

Poema 861. El debe y el haber.

Graciela Cros. Bariloche.


El debe y el haber 


¿Qué va primero? 

¿La vida o la poesía?

¿Qué atenta contra la poesía?

¿Las distracciones, la pereza?

¿La ausencia de voluntad? 

La falta de confianza, de imaginación,

¿la cobardía? 

¿Hasta cuándo se es poeta?

Si se agota la pila hay recarga.

La poesía vuelve después de un bloqueo. 

Si lo hace 

es 

porque quiere 

o vuelve porque la determinación se esfuerza 

y lo consigue.

¿Ella volvería? 

Ella

quiere volver 

aún cuando no se la venere en un altar

y se la baje a la tierrita de lo cotidiano.

¿Se es menos poeta cuando una se ve como 

/un ser común y corriente?

¿Se es menos poeta cuando se rehúye lo sublime?

¿Se es menos poeta cuando una se inscribe 

en el oficio de trabajar con la materia poética?

Se puede ser una mujer común y corriente 

y trabajar con la materia poética.

¿Se puede definir 

trabajar con la materia poética?

¿Se puede definir 

materia poética?

¿Estoy en lo cierto si digo que hay consenso 

respecto a lo atractivo del poeta personaje? 

¿Y que esto 

no necesariamente 

se traduce en buena poesía?

¿Alguien recuerda que T.S. Eliot trabajaba de 

/gerente de banco?

Te preguntás 

cómo 

T.S. Eliot escribía La tierra baldía 

mientras revisaba las columnas del debe y el haber 

/de un balance.

¿T.S. Eliot salió de sí y se convirtió 

en el Padre de la Poesía Contemporánea?

¿O pudo tener ese gesto romántico 

-tratándose de un clásico justamente por haber estado cada día 

con las columnas del debe y el haber bajo sus ojos?

¿Él tenía sed y la poesía 

era el chorrito de agua que la calmaba?

Está bien apagar la sed de poesía mirando 

las columnas del debe y el haber.

Tener sed de poesía alcanza.

¿Importa más estar en el chorrito de agua poética 

/que en el canon?

¿Importa más usar a la poesía como catarsis 

que dejarse transformar por ella 

y caminar con los ojos cerrados?

¿La buena poesía se deja usar como catarsis?

La buena poesía se deja usar.

La poesía es la que trae algo nuevo 

que estalla 

dentro de tu cabeza y tu corazón 

y ya no sos el mismo. 

¿O es la que repite un runrún conocido 

y por eso no desconcierta ni obliga a pensar 

qué sucede?

Una mañana vi a una mujer de caderas amplias

/entrando al mar 

con una larga trenza rodando en su espalda desnuda 

y sentí que esa visión 

era

la poesía.

Entonces pensé: 

a la poesía hay que escribirla,

¿o ella se escribe sola?

¿Si la tengo que escribir es un oficio?

¿Y si se escribe sola qué es?

La poesía que se escribe sola no necesita al poeta.

No funciona al revés: 

el poeta siempre necesita a la poesía.

Poema 860. Tranquilidad de hablar.

Sonia Scarabelli. Rosario, 1968.


Tranquilidad de hablar


Hablo con la tranquilidad

de los que no tienen que ser oídos,

de esos a los que nadie tiene que escuchar.

Ahora mismo soy como el pajarito

al que no le acierta ninguna piedra,

el pez al que no lo pescan, feliz en el agua.

Las palabras me arropan este rato

que lo paso hablando con vos

y no siento nada de frío

y no me asusta ni un poquito la oscuridad.

Mirá cómo ya todo lo que decimos

se hace de la sombra,

y nadie nos escucha ni a vos ni a mí,

y hablamos muy tranquilos

como si conociéramos la lengua de los pájaros.

Mirá cómo lo que decimos la perfuma a la noche,

igual que si las palabras se abrieran como flores,

como si nuestro idioma fuera una flor rarísima,

de esas que se abren

aunque no haya luz.

Poema 859. La revolución no va a ser por internet.

Ezequiel Zaidenwerg. Buenos Aires, 1981.


LA REVOLUCIÓN NO VA A SER POR INTERNET (CÓVER DE GIL SCOTT-HERON)


No te vas a poder quedar en casa, amigue.

No vas a poder desactivar el roaming ni colgarte al Wi-Fi del vecino.

No vas a poder colgarte jugando al Candy Crush,

ni mirando las fotos de gatitos en Facebook,

porque la revolución no va a ser por internet.

La revolución no va a ser por internet.

La revolución no se va a ver con filtros de Snapchat o de Instagram,

en blanco y negro vintage o predeciblemente sólo en blanco.

La revolución no va ser por drone, ni se va a organizar en la deep web,

ni va a estallar cuando se filtre el sex tape de Donald Trump, Marine Le Pen y Putin

gozando como chanchos con las manos de Perón restauradas

con nail art colorinche y germicida en gel.

La revolución no va a ser por internet.

La revolución no va a salir en exclusiva en Netflix, producida por Tom Hanks, dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Miley Cyrus, porque lo progre no quita lo coqueto.

La revolución no te va a esculpir milimétricamente los abdominales que siempre soñaste,

ni te va a dotar de un portentoso miembro prensil,

ni te va a hacer crecer la barba de leñador más fuerte y más sedosa,

porque la revolución no va a ser por internet, amigue.

La revolución no te va a borrar por dermoabrasión

ese tatuaje del Che que te hiciste en los noventa.

No va aumentar el tráfico de tu página web, no te va a dar miles de likes,

no te va a hacer un tuítstar ni un semental de Tinder.

La revolución, si es, no va a ser cosa de varones.

La revolución no va a ser por internet.

No vas a ver por streaming a la yuta reprimiendo,

meta bala de goma y gases lacrimógenos,

porque dice mi abuela que le dijo un taxista

que lo escuchó en la radio que a esos cabecitas negras

al final no les gusta laburar, y acá necesitamos un país en serio,

una revolución de la alegría.

Ya nadie va a dejar comentarios anónimos

en la web de los diarios, y nadie va a mirar

Bailando por un sueño ni Almorzando con Mirtha

ni Fútbol de primera, y ni hablar de La noche del domingo

y las Gatitas y ratones de Porcel.

Y los pibes, en vez de cazar Pokemones,

van a estar en la calle buscando algo mejor.

La revolución no va a ser por internet.

No va a ser trending topic, ni van a hablar de ella en un documental

coproducido por la UNESCO y Goldman Sachs que mencione al pasar a #NiUnaMenos,

narrado por los hijos importados de Brad Pitt y Angelina.

La banda de sonido no va a ser de U2 ni Manu Chao.

Calle 13 tampoco va a poner su granito de arena, y de Silvio ni hablar:

todavía va a estar buscando su unicornio.

La revolución no va a ser por internet.

La revolución no va a ser monetizable por Adsense, pero si vos querés

vas a poder ponerla en tu perfil de LinkedIn que, como todo el mundo sabe,

es la mentira más piadosa del capitalismo.

La revolución no va a pasar el desafío de la blancura.

La revolución no va a sacar el tigre que hay en vos, ni el emprendedor.

La revolución no te va a limpiar el inodoro, ni la conciencia biempensante.

La revolución no te va a poner la camiseta, ni los pantalones.

La revolución te va a obligar a ponerte las pilas.

La revolución no va a estar en todos tus dispositivos, amigue.

La revolución va a ser en vivo.

Poema 858. Yo me nazco...

María Elena Walsh. Bs. As. 1930-2011.


Yo me nazco, yo misma me levanto,

organizo mi forma y determino

mi cantidad, mi número divino,

mi régimen de paz, mi azar de llanto.


Establezco mi origen y termino

porque sí, para nunca, por lo tanto.

Soy lo que se me ocurre cuando canto.

No tengo ganas de tener destino.


Mi corazón estoy elaborando:

ordeno sufrimiento a su medida,

educo al odio y al amor lo mando.


Me autorizo a morir sólo de vida.

Me olvidarán sin duda pero cuando

mi enterrado capricho lo decida.

Poema 857. Milagro al revés.

Kay Ryan. Estados Unidos, 1945.


Milagro al revés


De vez en cuando

no vendría mal

un milagro al revés

que desnude el lenguaje

y lo haga esperar

apenas un minuto: sólo

la copa con el

vino adentro:

un sacramento que se niegue a todas 

las multiplicaciones

y recupere, así,

la única hogaza

y el pez

único.

Poema 856. Discípula.

Roberta Iannamico. Bahía Blanca, 1972.


Discípula


¡al fin!

¡salir afuera!

¡al sol!

¡hola sabio!

¡instrúyeme!

Instrúyeme hormiga

instrúyeme bicho bolita

instrúyeme viento

que yo baile y cante con tu fuerza

con tu suavidad

instrúyanme

niños.

Poema 855. ¡Muertos!

Hernán Minardi. Carmen de Areco, 1972.


¡Muertos!

Están muertos.

 Juntando dinero, pero muertos

Explotando y vaciando a sus hermanos, 

A sus otros, a los viejos, a los distintos. 

Están muertos.

Antes de que nuestras cuchillas melladas y oxidadas toquen sus gargantas

pálidas y grasosas están muertos. 

Haciéndonos de la vida un imposible

una constante postergación, aun así, están muertos.

Antes de que las botellas con nafta exploten contra sus coches de lujo

Están muertos, aun sin sospecharlo o envalentonados en alguna breve victoria

sin historia ni líderes ni futuro.

Están muertos porque nuestra furia es eterna

Poema 854. Destino.

Tamara Kamenszain. Bs. As. 1947-2021.


Destino 


Dónde estará lo que sigue

me pregunto

mientras lo que quedó atrás

se parece

a un barril sin fondo

en el que es imposible buscar

un indicio para este futuro

que viene cabalgando lentamente

como una flecha de esas

que siempre van a dar en el blanco

aunque hagan un trayecto sinuoso

que a los ojos de ciertos ingenuos

puede parecer

errado.

Poema 853. Adagio de mi país.

Alfredo Zitarrosa. Uruguay, 1936-1989.


Adagio en mi país


En mi país, qué tristeza

La pobreza y el rencor


Dice mi padre que ya llegará

Desde el fondo del tiempo otro tiempo

Y me dice que el sol brillará

Sobre un pueblo que él sueña

Labrando su verde solar


En mi país, qué tristeza

La pobreza y el rencor


Tú no pediste la guerra

Madre tierra, yo lo sé


Dice mi padre que un solo traidor

Puede con mil valientes

Él siente que el pueblo en su inmenso dolor

Hoy se niega a beber en la fuente

Clara del honor


Tú no pediste la guerra

Madre tierra, yo lo sé


En mi país somos duros

El futuro lo dirá


Canta mi pueblo una canción de paz

Detrás de cada puerta

Está alerta mi pueblo

Y ya nadie podrá

Silenciar su canción

Y mañana también cantará


En mi país somos duros

El futuro lo dirá


En mi país, qué tibieza

Cuando empieza a amanecer


Dice mi pueblo que puede leer

En su mano de obrero el destino

Y que no hay adivino ni rey

Que le pueda marcar el camino

Que va a recorrer


En mi país, qué tibieza

Cuando empieza a amanecer


En mi país somos miles y miles

De lágrimas y de fusiles

Un puño y un canto vibrante

Una llama encendida, un gigante

Que grita: ¡Adelante, adelante...!

Poema 852. Hombre pequeñito.

Alfonsina Storni, en el día de su cumpleaños 133.


Hombre pequeñito


Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

Suelta a tu canario que quiere volar...

Yo soy el canario, hombre pequeñito,

Déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

Hombre pequeñito que jaula me das.

Digo pequeñito porque no me entiendes,

Ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

Ábreme la jaula que quiero escapar;

Hombre pequeñito, te amé media hora,

No me pidas más.

Bien pudiera ser

Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido

No fuera más que aquello que nunca pudo ser,

No fuera más que algo vedado y reprimido

De familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido

Estaba todo aquello que se debía hacer...

Dicen que silenciosas las mujeres han sido

De mi casa materna... Ah, bien pudiera ser...

A veces a mi madre apuntaron antojos

De liberarse, pero se le subió a los ojos

Una honda amargura, y en la sombra lloró.

Y todo eso mordiente, vencido, mutilado

Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,

Pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

Poema 851. Conversación I.

Luciana Fernández. Burzaco, 1992.


CONVERSACIÓN 1.


¿Sabías luciana

que la segunda guerra mundial

terminó

con la caída de la bomba de Hiroshima?

te quería contar

no quedó ni una persona

en pie

solo había, dicen

tres cabinas telefónicas

para nadie

y en tucumán antes

las personas cosechaban la caña de azúcar

que eran más altas que ellos mismos

y que costaban un esfuerzo enorme

y más también

pero después otro hombre hizo una máquina

para no tener que hacerlo más

ni él ni nadie

así que esto que nos llega a la mesa

ya no tiene nada que ver

lo dulce

con el esfuerzo

ahora es una cosa más 

del progreso

o de la tecnología

la caída de la bomba dio lugar

a la caída de la guerra

y no hubo nadie que pudiera sacarle

una foto a la cuestión

¡imaginate lo que sería!

esa foto para la humanidad

esas tres cabinas paraditas

yo hubiese sido historiador

pero fui pobre

ya lo pensé en cuarto grado:

quinto y sexto se cursaba

del otro lado de las vías

lejos y donde ya era

otra provincia

y yo era pobre en todo eso

y a todo esto

me sé igual

todas las capitales de los países del mundo

y tengo la memoria inmaculada:

mi mano es un mapa en piel

de la capital federal

podría hablarte del silencio

en la CGT

el día que murió Eva

y como la calle vestía flores blancas

y gente angustiada

que a-pesar-de

ahora creía en algo

Luci

hasta cuando la noche viene

oscura oscura

puede

que cante un pájaro

y al corazón le pase

lo que tenga que pasarle.

Poema 850. Sostengo con dos manos la esperanza.

Roberto Santoro. Bs. As. 1939-1977.


Sostengo con dos manos la esperanza

porque sé que es el único aliento

que vive a la intemperie


Y no escondo mi palabra 

salgo a vivir con el alma descubierta


El corazón que no canta

no ejerce su oficio con altura.

Poema 849. El pretendiente.

Jane Kenyon. Estados Unidos, 1957-1995.


EL PRETENDIENTE


Nos acostamos dándonos la espalda. Las cortinas

suben y bajan

como el pecho de alguien que duerme.

El viento mueve las hojas del viejo boj,

mostrando sus claros reversos

al dar la vuelta todas a la vez

como un banco de peces.

De pronto, comprendo que soy feliz.

Durante meses este sentimiento

se ha estado acercando, ha permanecido

en breves visitas como un tímido pretendiente.

Poema 848 (847). Lo imprescindible.

Cristina Peri Rossi. Montevideo,  1941.


Lo imprescindible


Uno aprende que lo imprescindible

no eran los libros

no eran los discos

no eran los gatos

no eran los paraísos en flor

derramándose en las aceras

ni siquiera la luna grande -blanca-

en las ventanas

no era el mar arribando

su rumia rompedora en el malecón

ni los amigos que ya no se ven

ni las calles de la infancia

ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.


Lo imprescindible era otra cosa.

Poema 846. Esperando que la aspirina.

Fabián Casas. Buenos Aires, 1965.


Esperando que la aspirina


Esperando que la aspirina empiece a trabajar,

que acomode los cuartos, que revuelva el café

y que traiga a mi madre, fresca

a esta tarde de agosto

hojeo revistas estúpidas, escucho discos viejos

me pregunto en qué momento

los dinosaurios sintieron

que algo andaba mal.

Poema 845. La loba.

Alfonsina Storni. Suiza, 1892-Mar del Plata, 1938.


La loba


 


Yo soy como la loba.

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.



Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,

Que no pude ser como las otras, casta de buey

Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza!

Yo quiero con mis manos apartar la maleza.



Mirad cómo se ríen y cómo me señalan

Porque lo digo así: (Las ovejitas balan

Porque ven que una loba ha entrado en el corral

Y saben que las lobas vienen del matorral).



¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!

No temáis a la loba, ella no os hará daño.



Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos

¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!



No os robará la loba al pastor, no os inquietéis;



Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis

Pero sin fundamento, que no sabe robar

Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!

Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta



De ver cómo al llegar el rebaño se asusta,

Y cómo disimula con risas su temor

Bosquejando en el gesto un extraño escozor...

Id si acaso podéis frente a frente a la loba

Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba

Conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor...



¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!

Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!

No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños

Por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha

No sabréis defenderos, moriréis en la brecha.



Yo soy como la loba. Ando sola y me río

Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío

Donde quiera que sea, que yo tengo una mano

Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.

La que pueda seguirme que se venga conmigo.



Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,

La vida, y no temo su arrebato fatal

Porque tengo en la mano siempre pronto un puñal.



El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!

Aquello que me llame más pronto a la pelea.

A veces la ilusión de un capullo de amor

Que yo sé malograr antes que se haga flor.



Yo soy como la loba,

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.

Poema 844. III.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950 - 1996.


III


En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila. Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcanes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes.

¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila?

Toda la tierra con sus ardientes temperaturas y con sus inesperados desplazamientos les ordena amarse.

Y sobre la catedral volcánica del planeta, y sin saberlo, los pterodáctilos están amándose.

Poema 843. He visto a las mujeres...

Marianela Saavedra. Entre Ríos,  1978.


He visto a las mujeres 

más bellas del mundo, 

convertirse en diminutas sombras satisfaciendo los deseos 

de sus seres queridos. 

He visto a las mujeres 

más inteligentes de la vida 

haciendo añicos sus argumentos 

frente al protagonismo de sus amantes. 

He visto a mujeres con alas 

sacando lustre a los barrotes 

de las jaulas 

que les compran sus maridos. 

Las he visto bajarse de la luna 

para vivir en la cueva de sapo 

de su amado. 

Las he visto superar el hambre, 

las guerras, la muerte 

y luego caer de rodillas 

frente al beso deshonesto. 

Las vi esconder su fuerza, 

maquillar su poder, 

frenar sus éxitos, 

masticando frustraciones ajenas, 

haciéndose cargo de necesidades impropias, 

cediendo, cediendo, cediendo tanto 

que sus cuerpos parecen 

desintegrarse, derretirse, 

desdibujarse, deshabitarse, 

estallar y recomponerse 

como un hueso 

tras el impacto de una bala. 

Las he visto, las veo, 

yo también he sido, (soy) 

presa fácil y presa difícil 

de mandatos rancios 

y amores mediocres.

Romperé el espejo 

todas las veces que haga falta 

y respetaré y esperaré paciente 

el día en que todas 

podamos vernos liberadas 

de tanta pena por nada.

Poema 842. Apoyo sobre la mesa una serie de pensamientos...

Mariano Blatt. Buenos Aires, 1983.


apoyo sobre la mesa una serie de pensamientos

que últimamente andan perturbándome 

tengo la intención de hablarles 

preguntarles cuáles son sus propósitos 

hasta cuándo me piensan acompañar


pero


me distraigo mirando por la ventana

 y la vida me parece asombrosamente bella

 los días alentadores, no hay dudas 

mi futuro es prometedor y los problemas 

los problemas quedaron a un lado 

aunque siguen sobre la mesa

Poema 841. De la fiesta larga y triste.

Mark Strand. Canadá,1934 - Estados Unidos 2014.


De la fiesta larga y triste

Trad. Zaidenwerg


Alguien decía algo

sobre cómo las sombras cubren el campo, sobre

cómo pasan las cosas, sobre cómo se duerme en dirección

a la mañana, y la mañana pasa.


Alguien decía cómo

el viento amaina, pero luego vuelve,

cómo los caracoles son ataúdes del viento,

pero el clima persiste.


Fue una noche muy larga

y alguien dijo algo sobre cómo la luna baña con su luz blanquecina

el frío campo, y que no había nada en el futuro

sino más de lo mismo.


Alguien habló

de una ciudad en la que había estado antes de la guerra,

de un cuarto con dos velas contra una pared, de alguien que bailaba,

de alguien que miraba. Empezamos a creer


que la noche no iba a terminar.

Alguien decía que la música se había acabado y nadie se había dado cuenta.

Entonces alguien dijo algo sobre los planetas y sobre las estrellas,

sobre qué chicos son, y qué lejanos.

Poema 840. No he enloquecido...

Elena Annibali. Córdoba,  1978.


No he enloquecido.

No he disparado contra otros, ni contra mí.

No he arrancado las modestas flores del patio.

No envenené agua ni platos de comida.

No he dejado palabras impuras en mí, todas las he lanzado al viento.

No he diseminado horribles verdades.

Neferet, no he corrido contra el viento. Ni a favor de él. No he corrido, porque correr es un énfasis del cuerpo.

No he necesitado develar el verdadero rostro de las gentes.

No he cosechado fruta verde.

No tapé los espejos durante las tormentas ni en la muerte de los que amé. 

No corté mi pelo ni mis uñas sino fue por higiene, nunca por vanidad.

No he alargado la agonía de Argos, mi perro.

No he deseado que regrese la juventud a mi cuerpo.

No he planeado que regresaras. Estamos repartidos en dimensiones floridas y distantes. 

No hablé lenguas.

No insistí en que estuvieras.

No he abierto puertas ajenas. Sí abrí, Neferet, puertas al vacío.

No mentí aunque conviniera.

No he criado serpientes en mi corazón.

No he olvidado aquella tarde.

Poema 839. Romanticismo.

Raymond Carver. Estados Unidos, 1938-1988.


ROMANTICISMO


Las noches son muy oscuras aquí.

Pero si hay luna llena lo sabemos:

sentimos una cosa en un momento

y otra distinta al siguiente.

Poema 838. Una casa propia.

Sandra Cisneros. EEUU,  1954.


“Una casa propia”


No un piso.

No un departamento interior. 

No la casa de un hombre. 

Ni la de un papacito. 


Una casa que sea mía. 


Con mi porche y mi almohada, 

y mis bonitas petunias púrpura. 


Mis libros y mis cuentos. 

Mis dos zapatos 

esperando junto a la cama. 


Nadie a quien amenazar con un palo. 

Nada que recogerle a nadie. 


Solo una casa 

callada como la nieve, 

un espacio al cual llegar, 


limpia como la hoja 

antes del poema.

Poema 837. Miren cómo sonríen.

Violeta Parra. Chile, 1917-1967.


Miren cómo sonríen


Miren como sonríen los presidentes cuando le hacen promesas al inocente,

miren como le ofrecen al sindicato este mundo y el otro los candidatos,

miren como redoblan los juramentos,

pero después del voto, doble tormento.


Miren el hervidero de vigilantes para rociarle flores al estudiante,

miren como relumbran carabineros para ofrecerle premios a los obreros;

miren como se visten cabo y sargento para teñir de rojo los pavimentos,

miren como profanan la sacristía con pieles y sombreros de hipocresía.


Miren como blanquearon mes de María y al pobre negaron la luz del día;

miren como le muestran una escopeta para quitarle al pobre su marraqueta,

miren como se empolvan los funcionarios para contar las hojas del calendario.


Miren como gestionan los secretarios las páginas amables de cada diario,

miren como sonríen angelicales, miren como se olvidan que son mortales.

Poema 836. Resista...

Natalia Carrizo. Bs As, 1981.


Resista. Exista. Encuentre entre sus afectos la ciudad habitable.

Organice la solidaridad. Cuide a los suyos, teja redes. Comparta el plato de comida cuando falte. Abrace y contenga. Déjese abrazar y pídalo cuando haga falta.

Lo quieren quebrado. Lo quieren asumiendo el imposible. Lo quieren muerto por dentro y esclavo. Grite cuando haga falta, mascullar hace mal al alma y a los dientes.

Renuncie a la resignación. Anuncie la exasperación. Contagie.

Camine dos cuadras más, pero elija siempre a los propios, cada cual merece el jugo de los trapos que no lava. Esto es parte de la justicia.

No practique la empatía con los hijos de puta, puede convertirse en uno de ellos.

A la estética, ética.

Esquive la anestesia.

Diviértase, pero no se entretenga.

No se acostumbre.

No se acostumbre.

No se acostumbre.

Exista en la identidad.

Resista la autoridad.

Encuentre entre sus afectos la ciudad habitable.

Poema 835. Olas de sombra...

Octavio Paz. México,  1914-1998.


Olas de sombra

mojan mi pensamiento

y no lo apagan.

Poema 834. Huelga.

Gioconda Belli. Nicaragua, 1948.


Huelga


Quiero una huelga donde vayamos todos.

Una huelga de brazos, piernas, de cabellos,

una huelga naciendo en cada cuerpo.


Quiero una huelga

de obreros     de palomas

de chóferes   de flores

de técnicos    de niños

de médicos     de mujeres.


Quiero una huelga grande,

que hasta el amor alcance.

Una huelga donde todo se detenga,

el reloj las fábricas

el plantel los colegios

el bus los hospitales

la carretera los puertos.


Una huelga de ojos, de manos y de besos.

Una huelga donde respirar no sea permitido,

una huelga donde nazca el silencio

para oír los pasos del tirano que se marcha.

Poema 833. María Elena Cazzola.

Roberto Daniel Malatesta. Santa Fe, 1961.


María Elena Cazzola


Una mujer necesita pocas cosas

para ser mujer, necesita afecto,

las cuatro patas de una mesa, pan

sobre la mesa, y un cuchillo

para cortar rodajas de ese pan.

Afuera llueve, la mujer corta

rodajas de pan tibio, y todo es completo.

Afuera llueve, el agua crece y desborda.

Si el agua alcanza las rodajas del pan sobre la mesa,

la mujer es un cuchillo sin pan para cortar.

La mujer y sus afectos son un filo

cerrado hiriéndose a sí mismo.

La mujer está hecha de agua, de afectos y de pan.

Un orden claro que no debe transgredirse.

Poema 832. Deja de llover sobre mi cabeza.

Héctor Viel Temperley. Buenos Aires, 1933-1987.


Deja de llover sobre mi cabeza


Deja de llover sobre mi cabeza 

y el aire tiene un olor tibio 

que conozco. 

Olor a luz, a madera e incienso, 

Olor a madrugada 

en un monasterio.


Tirado y con los codos en la arena 

escucho todas las primeras misas 

del mundo 

que se rezan por mi alma

Poema 831. Cuando cuento las semillas.

Emily Dickinson. EEUU, 1830-1886


Cuando cuento las semillas


Cuando cuento las semillas

sembradas allá abajo

para florecer así, lado a lado;


cuando examino a la gente

que tan bajo yace

para llegar tan alto;


cuando creo que el jardín

que no verán los mortales

siega el azar sus capullos

y sortea a esta abeja,

puedo prescindir del verano, sin queja.

Poema 830. El trabajo de la felicidad.

May Sarton. EEUU, 1912-1995.


El trabajo de la felicidad


Pensé en la felicidad, en cómo se teje a diario

con el silencio de la casa vacía

y en que no es súbita ni gratuita

sino una creación, como el crecimiento de un árbol.

Nadie lo ve, pero detrás de la corteza

crece otro círculo en anillos que se expanden.

Nadie oyó a la raíz cavar más hondo en lo oscuro,

pero por ese trabajo hacia adentro el árbol se eleva

y sus penachos brillan, y sus hojas destellan.

Así, la felicidad se teje con la paz de las horas

y hunde sus raíces en lo profundo de la casa sola:

en el rincón, el busto antiguo; los frescos pisos encerados,

blancas cortinas que ondulan suave y continuamente

cuando libre se mueve el viento silencioso por el cuarto;

una biblioteca, una mesa y la pared blanqueada—

esos son los dioses de la casa, queridos y familiares,

aquí el trabajo de la fe puede hacerse mejor

y el árbol que crece es musical y verde.

Porque ¿qué es la felicidad sino crecer en paz,

el sentido atemporal del tiempo cuando los muebles

pasaron toda una vida en el mismo lugar

y los viejos sueños, así como el viento al moverse, agitan

las hojas de la felicidad presente?

Nadie ha oído una mente ni escuchado un pensamiento

pero donde alguien vivió en introspección

el aire queda cargado de bendiciones, y bendice;

las ventanas miran a las montañas y las paredes son amables.

Poema 829. Entonces.

Alberto Szpunberg. Buenos Aires, 1940 - 2020.


Entonces

 

Nadie sabrá de la noche como nosotros

y acaso ni siquiera nosotros,

quizá nadie,

pero estará de más cerrar los ojos

y el viento volará más arriba

de nosotros, de las casas, de los árboles.

 

Escucha el viento:

como si el viento fuera nosotros nosotros nosotros,

por encima de nosotros, en el aire.

Poema 828. Árbol ciruelo.

Alberto Laiseca. Rosario, 1941-2016.


ÁRBOL CIRUELO   


Digo “te amo” y tú sonríes,

pero al minuto siguiente

tu rostro afila el borde de una larga sombra.

¿Deberé decir “me fastidias”?

Quizá así, luego de tu pena

tengamos por delante un día luminoso.

¿Deberé talar el único árbol ciruelo de mi jardín

para ganar la benevolencia ante la arrogancia del bosque?

Poema 827. Sé suave...

Kurt Vonnegut, EEUU,1922-2007.


Sé suave.

No dejes que el mundo te endurezca.

No dejes que el dolor te haga odiar.

No dejes que la amargura te robe la dulzura.

Aunque el resto del mundo pueda estar en desacuerdo,

sostén con orgullo tu creencia de que la tierra es un lugar hermoso.

Poema 826. Introducción al arte de las montañas.

Leonardo Fróes. Brasil, 1941


Introducción al arte de las montañas


Un animal se pasea por las montañas.

Se raspa la cara con las espinas del matorral, pierde el aliento,

pero no desiste de llegar al punto más alto.

De tanto andar esforzándose se vuelve

un organismo en movimiento que reacciona a pasos,

y nada más. No siente hambre ni extraña ni tiene sed,

confía solo en los instintos que el destino dirige.

Siempre impulsado hacia la cumbre, el animal es un imán,

a escala de hormiga, que atraen las montañas.

Conoce cierta libertad cuando llega a la cima.

Se siente disperso entre las nubes,

le parece reconocer sus límites. Pero no sabe

aún que ahora le toca aprender a bajar.

Poema 825. El pájaro de la ambición.

Anne Sexton (Newton, Massachusetts, Estados Unidos, 1928-Weston, Massachusetts, Estados Unidos, 1974)


El pájaro de la ambición 


Entonces a esto hemos llegado,

insomnio a las 3:15 am,

el reloj repica su motor


como una rana siguiendo

un reloj de sol incluso teniendo un

espasmo eléctrico en el cuarto de hora.


El negocio de las palabras me mantiene despierto.

Estoy tomando chocolatada,

esa mamá marrón y tibia.


Me gustaría una vida simple,

pero durante toda la noche voy poniendo

lejos poemas en una caja larga.


Es mi caja de la inmortalidad,

mi plan para el después,

mi ataúd.


Toda la noche alas negras

se sacuden en mi corazón.

Cada una un pájaro de la ambición.


El pájaro quiere que lo tiren

desde un lugar alto como el Puente Tallahatchie.


Quiere prender un fósforo de la cocina

e inmolarse.


Quiere volar hacia la mano de Miguel Ángel

y aparecer pintado en un cielo raso.


Quiere perforar el avispero

y salir con una larga deidad.


Quiere comer pan y vino

y sacar a la luz a un hombre que flota felizmente en el Caribe.


Quiere ser presionado como una llave

así puede liberar a los Reyes Magos.


Quiere despedirse entre extraños

repartiendo pedacitos de su corazón como entremeses .


Quiere morir cambiándose sus ropas

y salir corriendo al sol como un diamante.


Él quiere, yo quiero.

Querido Dios, ¿no sería

bastante mejor solo beber chocolatada?


Me tengo que conseguir un pájaro nuevo

y una caja de la inmortalidad nueva.

Hay bastante locura dentro de esto.

Poema 824. Carta revolucionaria nro. 21.

Diane di Prima. Estados Unidos, 1934-2020


Carta revolucionaria nro. 21

Trad. Zaidenwerg


¿Se puede

tener tierras, tener

casas, tener derecho sobre

el trabajo de otre, (acciones, o fábricas,

o dinero, y prestarlo con intereses)

qué se hace

con lo que rinde ese dinero, las cosechas, los autos,

los aviones que dejan caer bombas, se puede

tener bienes raíces, para que otres

te paguen alquiler? ¿de quién

es el agua, de quién 

va a ser el aire cuando empiece a escasear?

los pueblos originarios estadounidenses dicen que alguien

no puede tener más de lo que puede llevarse 

en su caballo.

Poema 823. Consejo de Li Ti.

 Harry Martinson. Suecia, 1904-1978.

 

Consejo de Li Ti


Si tienes dos monedas,

dijo Li Ti durante un viaje, 

compra un pan y una flor.

El pan te sirve como alimento.

La flor que compres significa 

que la vida merece ser vivida.

Poema 822. No dudes.

Mary Oliver. Estados Unidos, 1935-2019.


No dudes


Si de repente, inesperadamente, sentís alegría,

no dudes. Entregate a ella. Hay un montón

de vidas y ciudades enteras destruidas o a punto

de serlo. No somos sabios, y rara vez

amables. Tantas cosas no tienen redención.

Y aún así, a la vida todavía le queda alguna

posibilidad. Tal vez sea su forma de resistir,

que a veces pase algo mejor que toda la riqueza

y el poder del mundo. Podría ser cualquier cosa,

pero es muy probable que lo adviertas al instante

en que empieza el amor. De todos modos, suele

ser así. De todos modos, sea lo que sea, no temas

su abundancia. La alegría no se hizo para ser una migaja.

Poema 821. Es de noche...

Rosario Bléfari. Mar del Plata, 1965-2020.


Es de noche

casi siempre

en el cuarto de mi vida

que comienza

con que soy incapaz

y abuso todo el tiempo

de mi defecto

igual hago todo

lo que hay que hacer y lo que quiero

me destroza la edad

y lo que creo que es

no es

y me desespera como si la siesta continuase

a la mañana siguiente

y al otro día,

otro día.

Poema 820. Es nuestro.

Charles Bukowski. Alemania, 1920 - Estados Unidos, 1994.


Es nuestro 


hay siempre ese espacio ahí

justo antes de que nos agarren

ese espacio

que nos relaja

nos deja respirar

digo

tirarte en la cama

pensando en nada

o digo

servirte un vaso de agua del

grifo

mientras tú te llenas de

nada


ese

espacio

amable y puro


es lo que vale


siglos de

existencia


digo


sólo rascarte el cuello

mientras miras por la ventana

una rama desnuda

ese espacio

ahí

antes de que nos agarren

nos asegura

que

cuando lo hagan

no lo tendrán

todo.

Poea 819. La tensión de la página...

Marta Sanz. Madrid, España, 1967.


La tensión de la página,

el poema,

es

una goma tirante.


Si la suelto

De golpe

Puedo

Sacarte un ojo.


O hacerme muchísimo daño.

A mí misma.

Poema 818. Beso.

Susy Shock. Buenos Aires, 1968.


Beso


Besarse en los rincones oscuros

besarse frente al rostro del guarda

besarse en la puerta de la Santa Catedral de todas las Canalladas

besarse en la plaza de todas las Repúblicas

o elegir especialmente aquellas donde todavía te matan por un sodomo y gomorro beso

besarse delante de la foto del niño que también fui

y sentir que me hace un guiño para que siga, que no pare, que no interrumpa, porque le gusta ese beso…

besarse sabiendo que nuestras salivas arrastran besos denegados/ opacados/ apagados/ cercenados/ mutilados/ hambrientos/ que no son solo los nuestros

que tu labios y los míos mientras rajan la tierra la construyen

y hay una historia de besos que el espanto no ha dejado ser

y que por eso te beso

lxs beso

me besás

besaremos

por eso el beso

beso 

Poema 817. Palabras.

Nicolás Aused. Santa Fe, 1977.


Palabras


caer no es caer

Ángela Urondo Raboy

 

chorro no es chorro

zurdo no es zurdo

pobre no es pobre

puto no es puto

 

mapuche no es mapuche

mujer no es mujer

 

libertario no es libertario

seguridad no es seguridad

república no es república

dictadura no es dictadura


casta no es casta

libertad no es libertad


pero las palabras,

sí son palabras.

y yo

escribo.

Poema 816. El mundo no es malo...

Bertolt Brecht. Alemania, 1898-1956.


el mundo no es malo

está 

lleno.

Poema 815. A veces parece...

Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.


A veces parece

que estamos en el centro de la fiesta.

Sin embargo

en el centro de la fiesta no hay nadie.

En el centro de la fiesta está el vacío. 


Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.

Poema 814. No sé si te vayas a quedar.

Carlos Cortés. 1962, Costa Rica.


NO SÉ SI TE VAYAS A QUEDAR

y la verdad ya no me importa 

esa era una duda que tenía antes

cuando pensaba que el tiempo se pierde

y ahora me doy cuenta que solo se comparte 


mi gurú Ram Dass decía

que el amor no es más 

que acompañarse el uno al otro a casa

darle al otro las circunstancias adecuadas 

para que éste pueda crecer 


en ningún momento dijo:

el amor es casarse 

cumplir el to-do-list de Pinterest 

o de la influencer de turno 

ni mucho menos tener a alguien 

al que presumirle a todo el mundo:

esta persona es mía 


no se si te vayas a quedar

pero agradezco 

las canciones que me hiciste agregar a mi playlist 

los libros que por recomendación tuya

ahora habitan en mi librero 

las frases que te robé 

y ahora todos me preguntan de dónde las he sacado 


agradezco el tiempo que te quedes 

si es toda la vida pues que bueno

y si es por un ratito

también 


no sé si te vayas a quedar 

pero solamente quería decirte

que me siento sumamente agradecido

de que hayas decido venir a tocar mi puerta.

Poema 813. Para entender algo del aire.

Laura Escudero Tobler. Córdoba, 1967.


Para entender algo del aire  


No es el silencio lo que importa

siempre algo suena, el asunto

es acoplarse a la respiración de lo demás.


Hacer liviano el cuerpo.


Como cuando atrapaba pájaros

para entender algo del aire  

y sentía en mi mano

la temperatura y el peso y sabía

que si apretaba un poco más

el pájaro que tenía en la palma

moriría.


Tengo en el corazón la vida 

de esos pájaros la manera

en que se dejaban agarrar.


Me trepaba al árbol

me hacía parte del tronco y de las hojas

lo demás era fácil

subía el pulso del pájaro 

al centro de mi cuerpo.

La vida ofrecida, la confianza.


Ahora que lo pienso

algo del amor 

puede ser eso:

apretar la mano hasta sentir

un cuerpo parte de tu cuerpo

y detenerte justo

antes del daño.

Poema 812. Chomüngen / El otoño.

Jorge Spíndola. Comodoro Rivadavia,  1961.


CHOMÜNGEN/ EL OTOÑO

 

son las últimas uvas y los primeros membrillos

son las manzanas cayendo con las hojas

las cortinas de álamos remojadas en el río


los fresnos gigantes amarillos como velas encendidas en la noche


lorenzo quilaqueo me dice este chomüng de las hojas

anuncia el último ciclo del año

ya es tiempo de guardar los animales

protegerlos del rigor del frío


hay que volver a las rukas dice

a los lugares reparados para invernada


chomüngen es tiempo de calma/

el suelo se abriga con las hojas

la semilla sueña el árbol que vendrá


tiempo de encender el fuego y vivir las noches largas

de convivir adentro de las casas y volver a contar

los relatos antiguos a los hijos.


En noches como esta

la abuela eufemia preguntaba


por qué los árboles se desnudan para llegar al invierno?


de qué hablan las raíces en el sueño de la tierra?


nunca pude contestarle esas cosas

hay un lenguaje del mundo que olvidamos


los hombres volvemos a la tierra

sin saber muchas cosas de la tierra

ignoramos

y muchas veces hablamos sin respeto


ahora hay tantos reflejos y variaciones de amarillo

cómo haré para guardarlos en los ojos?


Cómo resistir el invierno sin la memoria del otoño


(en la ciudad el olvido es blanco como una helada)

Poema 811. Vida.

Olga Savary. Brasil, 1933-2020


VIDA


Palabras, mejor olvidarlas

lamiendo toda la sal del mar

en una única piedra.

Poema 810. Poema de amor con disculpas por mi apariencia.

Ada Limón EEUU, 1976.


POEMA DE AMOR CON DISCULPAS POR MI APARIENCIA


A veces, creo que sacas lo peor

de mí. Los tan queridos

pantalones de chándal verde bosque, los largos días sin sostén, el pelo

enredado e incivilizado, una frente sombreada

donde los pensamientos diabólicos bailan con pezuñas

en el cerebro. Me gustaría decir que esto significa que

te quiero, la camiseta blanca de algodón manchada,

las lágrimas, las cáscaras de pistacho, el revoltijo de

cáscaras de naranja en mi escritorio, pero es diferente.

Me muevo en esta casa contigo, como me muevo

en mi mente, libre de la jaula de la belleza.

Hago lo mismo que hago en la hierba alta, más yo animal

que mucho más. Me equivoco, es que te quiero,

pero es más que cuando me lo dices, luces

apagadas, un viento frío a través de las cortinas, por

primera vez en mi vida, quizás, lo creo.

Poema 809. Cuento sin moraleja.

Julio Cortázar. Bélgica, 1914-Francia, 1984.


Cuento sin moraleja


Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, esloganes, membretes y falsas ocurrencias.


Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café.


-Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo.

 -Traducí lo que dice- mandó el tiranuelo a su intérprete.

 -Habla en argentino, Excelencia. 

-¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada?

 -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.


El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos. 

-Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotar por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas. 

-¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café. 

-Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocarán y no podrá articular palabra.

 El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.


Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.


Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuáles hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.


Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.


Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.

Poema 808. Yo era antes un álamo...

Irma Cuña. Neuquén,  1932-2004.


Yo era antes un álamo flexible estremecido

de ramas inquietas.

Dormía besando los vientos y abrevando los

ríos.

Alineado por los canales con mis hermanos

altos,

sombreaba pedruscos y arenas,

filtraba lluvias,

amaba pájaros.

Yo era antes un álamo erguido verdinegro y

murmurador.

En un invierno espiaba la luna rígida

y una mañana me arropo la nieve.

Yo era antes un álamo en el valle.

Soñaba nubes

y sabía mecer estrellas.

Poema 807. Resista.

Natalia Carrizo. Buenos Aires, 1981.


RESISTA


Resista. Exista. Encuentre entre sus afectos la ciudad habitable. Organice la solidaridad. Cuide a los suyos, teja redes. Comparta el plato de comida cuando falte. Abrace y contenga. Déjese abrazar y pídalo cuando haga falta. 

Lo quieren quebrado. Lo quieren asumiendo el imposible. Lo quieren muerto por dentro y esclavo. Grite cuando haga falta, mascullar hace mal al alma y a los dientes. 

Renuncie a la resignación. Anuncie la exasperación. Contagie. 

Camine dos cuadras más pero elija siempre a los propios, cada cual merece el jugo de los trapos que no lava. Esto es parte de la justicia. 

No practique la empatía con los hijos de puta, puede convertirse en uno de ellos. 

A la estética, ética.

Esquive la anestesia. 

Diviértase, pero no se entretenga. 

No se acostumbre. 

No se acostumbre.

No se acostumbre. 

Exista en la identidad. 

Resista la autoridad. 

Encuentre entre sus afectos la ciudad habitable.

Poema 806. No tenés que ser buena persona...

Mary Oliver. EEUU, 1935-2019.


No tenés que ser buena persona.

No tenés que caminar de rodillas

cientos de kilómetros por el desierto, arrepintiéndote.

Solamente tenés que permitir que el animal suave de tu cuerpo

ame lo que ama.

Cuéntame sobre la desesperanza, la tuya, y te contaré sobre la mía.

Mientras tanto el mundo sigue girando.

Mientras tanto el sol y las piedritas claras de la lluvia

corren a través de los paisajes,

por las llanuras y los árboles profundos,

las montañas y los ríos.

Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,

vuelven nuevamente a casa.

Quienquiera que seas, no importa la soledad que te abrume,

el mundo se ofrece para tu imaginación,

te llama como los gansos salvajes, ásperos y emocionantes

una y otra vez anunciándote tu lugar

en la familia de las cosas.

Poema 805. No nos une el amor.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950-1996.


No nos une el amor


No, naturalmente, no nos une el amor

sobrevivimos sin amarnos

¿Cómo podríamos amarnos? Nadie ama a un desdichado

salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos

y su desdicha sea sólo aburrimiento o hartazgo.


Nos cansa pronto escuchar un gemido

y más aún cuando no proviene de un bello infante 

Abandonado

en una cesta a orillas de un lago de garzas y

flamencos.


No, los desdichados estamos confinados a sobrevivir en

la soledad masticando nuestra humillación como un veneno

que nunca nos mata.


No, naturalmente, no nos une el amor

en todo caso, lo que nos une es un idéntico resentimiento

una misma rebelión, una rebelión

tan desmesurada que acaba por volverse

estéril. No es una rebelión genuinamente política ni

religiosa, es la rebelión

de nuestro origen contra sí mismo

de nuestra sangre contra sí misma

de nuestra nada contra la nada o

de nuestro cielo contra el cielo de los otros.

Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo

que no existe.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une el magnetismo de esta casa;

nos une este laboratorio del dolor;

nos une este cuarto que nos aísla del Insulto,

del bostezo indiferente de la calle,

de las lluvias heladas del invierno,

del sol ardiente del verano;

nos une este lugar en el que somos contenidos

y este tiempo que nos mide.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une la misma búsqueda

(o la misma fuga)

Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes,

las mismas ignorancias

y el mismo deseo (una bruta ansiedad)

por conocer al menos el por qué de nuestro sufrimiento.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une, en el mejor de los casos, el terror a la

soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser

sin sentirnos inferiores y humillados.

Nos une un orgullo que se alza cuando más desmoronados estamos.

Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda

amarnos.


No nos une el amor

nos une la vergüenza.

Nos une el pudor de saber tan íntimamente cómo es el otro

y de no saber con la misma intimidad quién es el otro.

Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres

dichosos.

Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles.

Nos une el fracaso como un pacto de niños,

firmado con sangre y alfileres.


No, no nos une el amor

ni la esperanza de alguna vez amarnos

nos une nuestro empecinamiento contra las insalvables

distancias que nos separan.

Nos une la inercia de dos esculturas que, comparten una

plaza: cada una sobre su piedra sin poder alejarse un

solo paso

pero también sin poder acercarse un solo paso.

Nos une ese acercamiento incompleto

ese mirarnos cada uno desde su altura

(o desde su miseria)

Nos une un largo silencio cargado de palabras

que pesan demasiado para decirlas así porque sí,

sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.


No, no nos une el amor

que es un puente

lo que nos une es un abismo.

Nos une este lamento

que trazamos las tardes de lluvia como dos gatos

arrinconados por niños armados con piedras.

Nos une este lamento

como una esperanza involuntaria, inconsciente, de que él nos salve.


No, no nos une el amor

quizá sea el infortunio el que nos obliga a aferramos

con tanta vehemencia,

quizá sea este viento por el que nos dejamos arrastrar

o quizá sea esta penumbra que nos desdibuja.


No, no nos une el amor

nos une el acicate de una soledad idéntica y diferente

y no es únicamente el temor a la soledad presente

es también la premonición de encontrarnos solos en el

futuro.

Poema 804. III.

Liliana Campazzo. Bs. AS. 1959.


III


Cada palabra escrita sobre el vidrio dura sólo lo que dura

el amor también

las escobas duran más

barren arrastran crujen

siempre queda algo de una escoba

de los vidrios quedan astillas

de lo otro mejor ni hablar.

Poema 803. Carta revolucionaria nro. 66.

Diane di Prima. Estados Unidos, 1934-2020.


Carta revolucionaria nro. 66

A LOS PATRIARCAS


(Para Inez García)


“Que el cuerpo de un hombre es

un arma en un sentido en que

el cuerpo de una mujer

no”. Comité Libertad a Inez García


Mi cuerpo es un arma igual que el tuyo

MIS HIJES SON ARMAS PARA LA ETERNIDAD

Mis tetas armas contra lo inmaterial


Mis muslos poderosos 

dejan sin aire la mentira negra

Mis caderas 

refugio & fuerte

lugar que me sostiene en pie

& desde el cual peleo


Mi guerra se concentra en el ruido

de mi pelo

Mis manos son mortales

para la imprecisión

Mi concha es una bomba

que hace explotar su conciencia cristiana


Mis dientes le arrancan la garganta de un tarascón a su desesperanza

Mis quijadas arrasan con siglos de computadoras

Mis brazos / mis rodillas abrazan su serpiente

su pecado se vuelve mi canción


La onda expansiva de mi placer 

arrasa con

toda la mala onda

toda la mala onda para siempre

Poema 802. Mi lado del diálogo.

Laura Wittner. Bs As, 1967.


Mi lado del diálogo


Está bien; pero cuando atravesábamos paisaje

árido o húmedo, industrial o bucólico,

bajo cielos turquesas o el efecto de drogas

la muerte y la enfermedad estaban lejos.


Basta, además; tanta preparación teórica

para lo que hay que decir, que nunca es mucho.

Dos cosas: ser amable los unos con los otros; 

en el círculo íntimo, divertirnos, gozar.


Es que fugaz es todo.

Pasa que cobra peso en la memoria.


Mirá, no lo reevíes.

Lo que te estoy diciendo te lo digo sólo a vos.

Poema 801. Le dijo la poeta a su analista.

Anne Sexton. EEUU 1928-1974.


Le dijo la poeta a su analista 


Lo mío son las palabras. Las palabras son como etiquetas,

o monedas, o mejor, como un enjambre de abejas.

Confieso que sólo me destruye el origen de las cosas;

como si las palabras se pudieran contar como abejas muertas en el desván,

desprendidas de sus ojos amarillos y sus alas resecas.

Siempre me tengo que olvidar de que una palabra elige

a la siguiente, determina a la siguiente, hasta que tengo

algo que podría haber dicho yo…

pero no dije.

Lo tuyo es vigilarme las palabras. Pero yo

no te confieso nada. Me siento en mi salsa, por ejemplo,

cuando puedo escribirle un panegírico a la maquinita tragamonedas

de aquella noche en Nevada: cómo me saqué el premio gordo,

con el repiquetear de las tres campanitas alineadas en la pantalla de mi suerte.

Pero si me decís que esto no es lo que es

yo me amedrento, y me acuerdo de lo raras y ridículas

y repletas que sentía las manos

con todo ese montón de plata crédula.

Poema 800. 33.

Anahí Mallol. La Plata, 1968.


33.


no el apocalipsis

no en esta ciudad

a lo sumo podrán verse

el fin de las personas y de sus refugios

perros muertos en cada calle

con los ojos comidos por los pájaros

y llenas de excrementos

las estatuas los juegos

las plazas

podrán verse incendiadas

algunas copas de algunos árboles unas fuentes

desfondadas unas casas

sin techos ni pisos ni ventanas y entonces

ya ni siquiera casas y no importan

otras cosas que podrían decirse los papeles

los libros volando como otros tantos

pájaros asombrados pero indiferentes

a nuestras pobres desgracias

pero el apocalipsis no

en esta ciudad

donde no puede verse

ni un

lívido o límpido

ni un

cielo devastado.

Poema 799. Fin.

Carolina Giollo. Haedo, 1982.


Fin


Ponerle fin a la vida sin dejar de vivir.

Poner los pies en la Tierra, caminar.

Saber la baldosa, el árbol 

la mujer que lava las ventanas.

Poema 798. No me molesten.

Mary Oliver. Mary Oliver. EEUU, 1935-2019.


No me molesten.

Acabo

de nacer.

Poema 797. Las cosas no deberían ser tan duras.

Kay Ryan. California, 1945.


LAS COSAS NO DEBERÍAN SER TAN DURAS


Una vida debería

dejar huellas profundas:

surcos donde ella

iba y volvía

a buscar el correo

o a mover la manguera

por el jardín;

donde ella se paraba

frente al lavadero,

un lugar raído;

bajo su mano,

los picaportes

de porcelana reducidos

a pastillas blancas;

el interruptor que ella

solía tantear

a oscuras

casi borrado.

Sus cosas deberían

tener sus marcas.

El paso de una vida

debería notarse;

debería causar una erosión.

Y cuando esa vida se interrumpe,

algún lugar,

aunque sea pequeño,

debería quedar marcado

por ese pasaje

grandioso y dañino.

Las cosas no deberían ser

tan duras.

Poema 796. Canción de amor.

Rainer María Rilke. Praga, 1875-1926.


Canción de amor


¿Cómo sujetar mi alma para

que no roce la tuya?

¿Cómo debo elevarla

hasta las otras cosas, sobre ti?

Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,

en un rincón extraño y mudo

donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.


Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,

nos une, como un golpe de arco,

que una sola voz arranca de dos cuerdas.

¿En qué instrumento nos tensaron?

¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?

¡Oh, dulce canto!

Poema 795. Cántico de iniciación de la logia de los Buscadores.

Ursula Kroeber Le Guin. Estados Unidos, 1929-2018.


Cántico de iniciación de la logia de los Buscadores


Trae, por favor, cosas extrañas.

Vuelve, por favor, con cosas nuevas.

Deja que lleguen a tus manos cosas muy antiguas.

Deja que llegue a tus ojos lo que no conoces.

Deja que la arena del desierto endurezca tus pies.

Deja que el arco de tu pie sea las montañas.

Deja que los surcos de las yemas de tus dedos sean los mapas

y que los caminos que recorres sean las líneas de la palma de tus manos.

Deja que entre nieve profunda al inspirar

y que tu aliento sea el fulgor del hielo.

Que tu boca contenga las formas de extrañas palabras.

Que tu olfato huela comidas que nunca has probado.

Que el manantial de un río extraño sea tu ombligo.

Que tu alma esté cómoda donde no hay casas.

Camina con cuidado, bienamado,

camina alerta, bienamado,

camina con valentía, bienamado.

Vuelve con nosotros, vuelve a nosotros,

sigue el eterno regreso a casa.