Mostrando entradas con la etiqueta Casas Fabián. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Casas Fabián. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de junio de 2025

Poema 846. Esperando que la aspirina.

Fabián Casas. Buenos Aires, 1965.


Esperando que la aspirina


Esperando que la aspirina empiece a trabajar,

que acomode los cuartos, que revuelva el café

y que traiga a mi madre, fresca

a esta tarde de agosto

hojeo revistas estúpidas, escucho discos viejos

me pregunto en qué momento

los dinosaurios sintieron

que algo andaba mal.

jueves, 19 de septiembre de 2024

Poema 673. Sin llaves y a oscuras.

Fabián Casas. Bs. As., 1965.


Sin llaves y a oscuras


Era uno de esos días en que todo sale bien.

Había limpiado la casa y escrito

dos o tres poemas que me gustaban.

No pedía más.

Entonces salí al pasillo a tirar la basura

y detrás de mí, por una correntada,

la puerta se cerró.

Quedé sin llaves y a oscuras

sintiendo las voces de mis vecinos

a través de sus puertas.

Es transitorio, me dije;

pero así también podría ser la muerte:

un pasillo oscuro,

una puerta cerrada con la llave adentro,

la basura en la mano.

sábado, 30 de marzo de 2024

Poema 573. Los Olímpicos.

Fabián Casas. Buenos Aires, 1965.


Los Olímpicos


All the Olympians; a thing never known again.

W.B.Yeats


A veces me gusta pensar

que puedo pararme una vez más

frente a mi vieja casa.

Sí. Acá está la inmensa puerta verde.

Nunca estaba con llave

y se abría empujándola un poco.

Tal cual. Se abrió.

Ahora camino por el largo pasillo

mientras me siguen, haciendo equilibrio por el muro,

los gatos de nuestros vecinos.

La segunda puerta es de metal

y detrás de ella se abre el patio,

las macetas con sus plantas,

y las altas piezas

donde se distribuían

el comedor y los dormitorios.

Sentada a la mesa, mi familia intacta

me espera para comer.


Mientras charlan y se sirven los platos,

es obvio que decidieron pasar por alto

que ya tengo 40 años

y que desentono con estas ropas infantiles.

Yo tampoco les digo

que sé cómo van a terminar

algunos de ellos.

Para qué envenenar el almuerzo.


Después,

se desperdigan a la marchanta

hacia las piezas del fondo.


Inquieto como siempre,

a grandes zancadas,

mi papá atraviesa el patio.

¡Tiene una gorra hecha con papel de diario!

¡Cómo me pude olvidar de eso!


Salgo a la calle,

la remera de banlon me pica en el cuello

y los jeans con remiendos en las rodillas

se sienten estrechos. Ahí, esperándome,

brillosos bajo el sol primaveral, están mis amigos.

Cuando me ven, abren el círculo de su corazón

para que me pueda sumar. Sí, son ellos.


Bien mantenidos

en las bajas temperaturas del inconsciente,

están exactamente como los dejé:

sobre la vereda de los setenta

ríen los olímpicos de Boedo;

algo que no se volvió a ver.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Poema 500. Improvisados.

Fabián Casas. Buenos Aires,    1965.


Improvisados


Estamos abrazados en una cama improvisada en el piso.

Tus ojos están cerrados; pero no sé si dormís.

Este es tu cuarto de soltera,

un lugar agradable, neutral.

Por la ventana suben los ruidos

de un día que empieza a moverse.

La ropa permanece arrugada, a un costado

ignorando la farsa de dar y recibir.

martes, 30 de mayo de 2023

Poema 350. El soldador.

Fabián Casas. Buenos Aires, 1965.


El soldador


Tenemos a un hombre mayor en una cama.

Está por morir.

Es algo que pasa una y otra vez. Ayer, en la plaza,

Olga agarró una paloma con la mano para acariciarla,

pero el animal, por el susto, se murió.

Dentro de una bolsa de plástico

quedó en el tacho de basura.

Pensé mucho en el destino de esa paloma,

en los lentes negros e inmensos de Olga,

y en sus uñas manchadas con esmalte rojo.

El problema es que este hombre mayor es un ser querido.

Y que escribo el poema donde él se está muriendo.

El poema es mío, el hombre mayor es mío.

De estas posesiones surgen preguntas

difíciles de responder.

Un escritor, ¿no debería ir siempre

en contra de su habilidad? Y Aquiles,

¿no tendría que haber bajado un cambio

y cerrado el trato con Héctor?

De todas formas, el hombre mayor va a morir al toque.

Ha decidido hacerlo en su casa,

rodeado de los seres queridos.

El cerebro comenzó a enviar órdenes para que los órganos

se cierren en sí mismos

y empiecen a pasar los títulos

sobre una cara memorable.

Una cara para besar, una sandía jugosa en un día de calor.

Quería ser un soldado pero fue un soldador.

Bajaba la máscara de acero y trabajaba durante la noche

uniendo los destinos de personas

que se rechazaban como órganos implantados.

Aún hoy la gente del barrio comenta

los chispazos de luz y ruido

que el soplete largaba en la oscuridad.

Es el soldador que está trabajando,

decía el que paseaba al perro nocturno.

Es el soldador que está trabajando,

decía la que le pasaba el último trapo a la cocina

antes de acostarse. Me tengo que apurar,

pensaba el joven poeta mientras copiaba y copiaba.

El sueño sudamericano cabe en un mp3,

el sueño de los dioses no nos incumbe,

la pesadilla de los erpios es morir fusilados.

Los que fueron tocados por la gracia del Soldador,

jamás podrán olvidarlo. Publicó lo mejor

y lo peor de Horla City: al montonero que

se arrodilló ante la Reina,

al gaucho psicodélico, a la gorda resentida,

al que esperaba nervioso, sin escuchar a nadie,

que lo invitaran al podio para leer sus poemas.

Olga, la abuela de Baltazar, pasa los días

en una vieja casa de Almagro, la paloma muerta

no ocupa ni un milímetro de sus pensamientos.

Era enfermera, ahora es enferma y corrió

a refugiarse en el evangelismo. Se la puede ver

reseteando la biblia en las esquinas.

Dice Olga:

“Nadie podía tocar su cuerpo

porque todavía no se había presentado ante El Señor”.

Ese Señor fue mi pastor. Recuerden cómo era,

recuerden cómo hablaba.

lunes, 24 de abril de 2023

Poema 325. Autorretrato.

Fabián Casas. Buenos Aires,  1965.


Autorretrato


Una casa abandonada

rodeada de un jardín agreste

con la luz de la entrada encendida

para que no parezca

una casa abandonada.

martes, 7 de febrero de 2023

Poema 217. Después de largo viaje.

Fabián Casas, Bs. As. 1965.


Después de largo viaje


Me siento en el balcón a mirar la noche.

Mi madre me decía que no valía la pena

estar abatido.

Movete, hacé algo, me gritaba.

Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.

Mi madre y yo éramos diferentes

y jamás llegamos a comprendernos.

Sin embargo, hay algo que quisiera contar:

a veces, cuando la extraño mucho,

abro el ropero donde están sus vestidos

y como si llegara a un lugar

después de largo viaje

me meto adentro.

Parece absurdo: pero a oscuras y con ese olor

tengo la certeza de que nada nos separa.

jueves, 2 de febrero de 2023

Poema 86. A los pies de la cama de mi viejo.

Fabián Casas, Buenos Aires 1965.


A los pies de la cama de mi viejo


Sentado a los pies de la cama de mi viejo

contemplo su cuerpo desnudo y dormido.

Está bien, papá, ya han pasado muchos años

y es bueno que duermas un poco.

A través de la ventana se escucha el ladrido de un

perro.

Me cruzo de brazos en la penumbra de la habitación

y detengo mis ojos en la figura del campeón del

mundo:

De pie, señores, un poco de respeto para los hombres

como mi viejo

que doblegaron sus vidas en trabajos miserables.

No todos podemos zafar de la agonía de la época.

Y así

en este momento

a los pies de la cama de mi viejo

yo también prefiero morir antes que envejecer.

Poema 46. Mantra.

Fabián Casas, Buenos Aires 1965.


Mantra


Junto mis manos como si fueran un caracol

y acerco el oído.

A pesar de la pérdida de señal

que producen los años y el viento 

puedo oír a mis tías 

picoteando el maíz  

en la cocina de mi madre.