Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.
Artefacto poético de Shirley Temperley. Un poema llega cada día a tu WhatsApp. En este blog, la recopilación de esos envíos.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
Decimocuarta poesía vertical
43
No hay nada que guardar.
Podemos dejar las puertas abiertas
o puestas las llaves en las cerraduras.
Podemos irnos con las manos vacías
y sin pensar qué llevamos
o qué dejamos.
Nos bastan las miradas,
que no se pueden guardar.
Ante el desenlace largamente previsto
lo imposible de guardar
es lo único que importa.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
44
Porque esta noche duermes lejos
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.
Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.
Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.
Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925-1995.
Desbautizar el mundo
Desbautizar el mundo,
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.
El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.
Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.
El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.
El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.
La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
17
Hay que caer y no se puede elegir dónde.
Pero hay cierta forma del viento en los cabellos,
cierta pausa del golpe,
cierta esquina del brazo
que podemos torcer mientras caemos.
Es tan sólo el extremo de un signo,
la punta sin pensar de un pensamiento.
Pero basta para evitar el fondo avaro de unas manos
y la miseria azul de un Dios desierto.
Se trata de doblar algo más una coma
en un texto que no podemos corregir.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley, 1995.
23
Hay trajes que duran más que el amor.
Hay trajes que comienzan con la muerte
y dan la vuelta al mundo
y a dos mundos.
Hay trajes que en lugar de gastarse
se vuelven cada vez más nuevos.
Hay trajes para desvestirse.
Hay trajes verticales.
La caída del hombre
los pone de pie.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925-Temperley 1995.
37
Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo.
Mientras te lustras los zapatos,
mientras odias,
mientras le escribes una carta prolija
a tu amor único o no único.
Y aunque pudieras llegar a no hacer nada,
alguien estaría muriendo,
tratando en vano de no mirar fijo a la pared.
Y aunque te estuvieras muriendo,
alguien más estaría muriendo,
a pesar de tu legítimo deseo
de morir un minuto con exclusividad.
Por eso, si te preguntan por el mundo,
responde simplemente: alguien está muriendo.
Roberto Juarroz. Coronel Dorrego, 1925 - Temperley 1995.
Estar presente ante todo lo que existe.
Y también ante su sombra.
Estar presente ante todo lo que no existe.
Y también ante su sombra.
Estar presente.
No pedir nada.
No seguir separando las ovejas.
Y decir una palabra
que también esté presente.
Y su sombra.
Roberto Juarroz, Coronel Dorrego 1925 - Temperley 1995.
Escribir un texto
y dejarlo abandonado en la página.
No volver a leerlo,
no enviarlo a parte alguna.
Que quede en su reposo de texto.
Y dejar que allí encuentre a su lector,
como todos los textos lo encuentran.
También el que llevamos escrito adentro
y nos parece imposible que alguien pueda leer.
Roberto Juarroz, Coronel Dorrego, 1925 - Temperley 1995.
¿Cómo amar lo imperfecto,
si escuchamos a través de las cosas
cómo nos llama lo perfecto?
¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso
de las cosas la huella de lo que no cae ni fracasa?
Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada.
Roberto Juarroz, Coronel Dorrego 1925 - Temperley 1995
77
Él misterio no tiene dos extremos:
tiene uno.
El único extremo del misterio está en el centro
de nuestro propio corazón.
Sin embargo,
no dejaremos nunca de buscar el otro extremo,
el extremo que no existe.
Roberto Juarroz, Coronel Dorrego 1925 - Temperley 1995.
El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.
Ambos centros se buscan entonces
como dos animales atribulados.
Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es otra:
nacer juntos.
Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes.
Roberto Juarroz, Coronel Dorrego 1925 - Temperley 1995.
Levantar el papel donde escribimos...
Levantar el papel donde escribimos
y revisar mejor debajo
Levantar cada palabra que encontramos
y examinar mejor debajo
Levantar cada hombre
y observar mejor debajo
Levantar a la muerte
y escudriñar mejor debajo
Y si miramos bien
siempre hallaremos otra huella.
No servirá para poner el pie
ni para aposentar el pensamiento
pero ella nos probará
que alguien más ha pasado por aquí.