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sábado, 22 de marzo de 2025

Poema 732. La sangre derramada.

Federico García Lorca. Fuente Vaqueros, 1898 - Granada, 1936.


 La sangre derramada


¡Que no quiero verla!


Dile a la luna que venga,

que no quiero ver la sangre

de Ignacio sobre la arena.


¡Que no quiero verla!


La luna de par en par.

Caballo de nubes quietas,

y la plaza gris del sueño

con sauces en las barreras.


¡Que no quiero verla!


Que mi recuerdo se quema.

¡Avisad a los jazmines

con su blancura pequeña!


¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo

pasaba su triste lengua

sobre un hocico de sangres

derramadas en la arena,

y los toros de Guisando,

casi muerte y casi piedra,

mugieron como dos siglos

hartos de pisar la tierra.

No.


¡Que no quiero verla!


Por las gradas sube Ignacio

con toda su muerte a cuestas.

Buscaba el amanecer,

y el amanecer no era.

Busca su perfil seguro,

y el sueño lo desorienta.

Buscaba su hermoso cuerpo

y encontró su sangre abierta.

¡No me digáis que la vea!

No quiero sentir el chorro

cada vez con menos fuerza;

ese chorro que ilumina

los tendidos y se vuelca

sobre la pana y el cuero

de muchedumbre sedienta.


¡Quién me grita que me asome!

¡No me digáis que la vea!


No se cerraron sus ojos

cuando vio los cuernos cerca,

pero las madres terribles

levantaron la cabeza.

Y a través de las ganaderías,

hubo un aire de voces secretas

que gritaban a toros celestes

mayorales de pálida niebla.

No hubo príncipe en Sevilla

que comparársele pueda,

ni espada como su espada

ni corazón tan de veras.

Como un río de leones

su maravillosa fuerza,

y como un torso de mármol

su dibujada prudencia.

Aire de Roma andaluza

le doraba la cabeza

donde su risa era un nardo

de sal y de inteligencia.

¡Qué gran torero en la plaza!

¡Qué buen serrano en la sierra!

¡Qué blando con las espigas!

¡Qué duro con las espuelas!

¡Qué tierno con el rocío!

¡Qué deslumbrante en la feria!

¡Qué tremendo con las últimas

banderillas de tiniebla!


Pero ya duerme sin fin.

Ya los musgos y la hierba

abren con dedos seguros

la flor de su calavera.

Y su sangre ya viene cantando:

cantando por marismas y praderas,

resbalando por cuernos ateridos,

vacilando sin alma por la niebla,

tropezando con miles de pezuñas

como una larga, oscura, triste lengua,

para formar un charco de agonía

junto al Guadalquivir de las estrellas.

¡Oh blanco muro de España!

¡Oh negro toro de pena!

¡Oh sangre dura de Ignacio!

¡Oh ruiseñor de sus venas!

No.

¡Que no quiero verla!

Que no hay cáliz que la contenga,

que no hay golondrinas que se la beban,

no hay escarcha de luz que la enfríe,

no hay canto ni diluvio de azucenas,

no hay cristal que la cubra de plata.

No.

¡¡Yo no quiero verla!!

jueves, 19 de septiembre de 2024

Poema 644. Porque yo quise olvidar...

Federico García Lorca. Fuente Vaqueros, 1898 - Granada, 1936.


Porque yo quise olvidar 

y puse un muro de piedra 

entre tu casa y la mía.

Es verdad. ¿No lo recuerdas? 

Y cuando te vi de lejos

me eché en los ojos arena. 

Pero montaba a caballo 

y el caballo iba a tu puerta.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Poema 423. Amor de mis entrañas, viva muerte...

Federico García Lorca. Fuente Vaqueros, 1898 - Granada, 1936.


Amor de mis entrañas, viva muerte…


Amor de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.


El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.


Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura


o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.

martes, 7 de febrero de 2023

Poema 239. Sorpresa.

Federico García Lorca, Fuente Vaqueros 1898 - Granada 1936


Sorpresa


Muerto se quedó en la calle

con un puñal en el pecho.

No lo conocía nadie.


¡Cómo temblaba el farol!

Madre.

¡Cómo temblaba el farolito

de la calle!


Era madrugada. Nadie

pudo asomarse a sus ojos

abiertos al duro aire.


Que muerto se quedó en la calle

que con un puñal en el pecho

y que no lo conocía nadie.

viernes, 3 de febrero de 2023

Poema 159. Casida del llanto.

Federico García Lorca, Fuente Vaqueros 1898 - Granada 1936.


Casida del llanto 


He cerrado mi balcón

porque no quiero oír el llanto

pero por detrás de los grises muros

no se oye otra cosa que el llanto.


Hay muy pocos ángeles que canten,

hay muy pocos perros que ladren,

mil violines caben en la palma de mi mano.

Pero el llanto es un perro inmenso,

el llanto es un ángel inmenso,

el llanto es un violín inmenso,

las lágrimas amordazan al viento

y no se oye otra cosa que el llanto.

Poema 120. Alma ausente.

Federico García Lorca, Fuente Vaqueros 1898 - Granada 1936.


ALMA AUSENTE


No te conoce el toro ni la higuera,

ni caballos ni hormigas de tu casa.

No te conoce el niño ni la tarde

porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,

ni el raso negro donde te destrozas.

No te conoce tu recuerdo mudo

porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,

uva de niebla y monjes agrupados,

pero nadie querrá mirar tus ojos

porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,

como todos los muertos de la Tierra,

como todos los muertos que se olvidan

en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.

La madurez insigne de tu conocimiento.

Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

jueves, 2 de febrero de 2023

Poema 20. Porque yo quise olvidar...

Federico García Lorca, Fuente Vaqueros 1898 - Granada 1936.


Porque yo quise olvidar 

y puse un muro de piedra 

entre tu casa y la mía.

Es verdad. ¿No lo recuerdas? 

Y cuando te vi de lejos

me eché en los ojos arena. 

Pero montaba a caballo 

y el caballo iba a tu puerta.