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miércoles, 25 de junio de 2025

Poema 844. III.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950 - 1996.


III


En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila. Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcanes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes.

¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila?

Toda la tierra con sus ardientes temperaturas y con sus inesperados desplazamientos les ordena amarse.

Y sobre la catedral volcánica del planeta, y sin saberlo, los pterodáctilos están amándose.

Poema 805. No nos une el amor.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950-1996.


No nos une el amor


No, naturalmente, no nos une el amor

sobrevivimos sin amarnos

¿Cómo podríamos amarnos? Nadie ama a un desdichado

salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos

y su desdicha sea sólo aburrimiento o hartazgo.


Nos cansa pronto escuchar un gemido

y más aún cuando no proviene de un bello infante 

Abandonado

en una cesta a orillas de un lago de garzas y

flamencos.


No, los desdichados estamos confinados a sobrevivir en

la soledad masticando nuestra humillación como un veneno

que nunca nos mata.


No, naturalmente, no nos une el amor

en todo caso, lo que nos une es un idéntico resentimiento

una misma rebelión, una rebelión

tan desmesurada que acaba por volverse

estéril. No es una rebelión genuinamente política ni

religiosa, es la rebelión

de nuestro origen contra sí mismo

de nuestra sangre contra sí misma

de nuestra nada contra la nada o

de nuestro cielo contra el cielo de los otros.

Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo

que no existe.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une el magnetismo de esta casa;

nos une este laboratorio del dolor;

nos une este cuarto que nos aísla del Insulto,

del bostezo indiferente de la calle,

de las lluvias heladas del invierno,

del sol ardiente del verano;

nos une este lugar en el que somos contenidos

y este tiempo que nos mide.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une la misma búsqueda

(o la misma fuga)

Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes,

las mismas ignorancias

y el mismo deseo (una bruta ansiedad)

por conocer al menos el por qué de nuestro sufrimiento.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une, en el mejor de los casos, el terror a la

soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser

sin sentirnos inferiores y humillados.

Nos une un orgullo que se alza cuando más desmoronados estamos.

Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda

amarnos.


No nos une el amor

nos une la vergüenza.

Nos une el pudor de saber tan íntimamente cómo es el otro

y de no saber con la misma intimidad quién es el otro.

Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres

dichosos.

Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles.

Nos une el fracaso como un pacto de niños,

firmado con sangre y alfileres.


No, no nos une el amor

ni la esperanza de alguna vez amarnos

nos une nuestro empecinamiento contra las insalvables

distancias que nos separan.

Nos une la inercia de dos esculturas que, comparten una

plaza: cada una sobre su piedra sin poder alejarse un

solo paso

pero también sin poder acercarse un solo paso.

Nos une ese acercamiento incompleto

ese mirarnos cada uno desde su altura

(o desde su miseria)

Nos une un largo silencio cargado de palabras

que pesan demasiado para decirlas así porque sí,

sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.


No, no nos une el amor

que es un puente

lo que nos une es un abismo.

Nos une este lamento

que trazamos las tardes de lluvia como dos gatos

arrinconados por niños armados con piedras.

Nos une este lamento

como una esperanza involuntaria, inconsciente, de que él nos salve.


No, no nos une el amor

quizá sea el infortunio el que nos obliga a aferramos

con tanta vehemencia,

quizá sea este viento por el que nos dejamos arrastrar

o quizá sea esta penumbra que nos desdibuja.


No, no nos une el amor

nos une el acicate de una soledad idéntica y diferente

y no es únicamente el temor a la soledad presente

es también la premonición de encontrarnos solos en el

futuro.

sábado, 22 de marzo de 2025

Poema 766. Todo existe caprichosamente...

José Sbarra. Buenos Aires, 1950-1996.


Todo existe caprichosamente. Las estrellas están a modo decorativo y, por supuesto, dios está de sobra. 

El misterio es sólo vacío. Los gatos existen 

para enseñarte a hundir los ojos en el silencio. 

Octubre podría llamarse adiós o jueves o laúd. 

La paz es tedio. El sol se pavonea lleno de oro. 

Y la luna finge ser  un transatlántico que está de fiesta.

Nada concuerda con nada. Y sin embargo, yo, 

a escasos metros de mi final, espero todavía 

una ración de amor.

Poema 718. Te informo sobre la situación en casa...

José Sbarra. Bs. As. 1950-1996.


Te informo sobre la situación en casa, por si te interesa.

La persiana de nuestro dormitorio se trabó arriba y se niega a bajar.

Las puertas del armario bostezan de noche y de día.

La parte de tu lado de la cama se muere de aburrimiento.

Una banda de polillas insensatas se comió la cortina azul.

Cuelgan de todos los cajones lenguas de trapo sedientas.

Las toallas que olvidaste en el suelo envejecieron precipitadamente.

Los lirios de plástico que habías puesto sobre el calefactor se marchitaron.

No quiero exagerar, pero alguno de los Rolling Stones humedeció

con sus lagrimas la pared donde pegaste el póster.

El cielorraso se descascara pidiendo que vuelvas.

(Y de mi corazón

mejor no hablemos)

jueves, 19 de septiembre de 2024

Poema 695. El verbo es amar...

José Sbarra. Bs. As. 1950-1996.


El verbo es amar

amar bien

amar mal

amar como sea

pero amar.

La clave es amar

y cuando todo duela

amar con mayor intensidad

y cuando todo se torne insoportable

amar el doble.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Poema 600. No dejes que te impresionen las estrellas...

José Sbarra. Bs As 1950-1996.


No dejes que te impresionen las estrellas

que quizás estén todas muertas.

No te dejes corroer por las canciones añejas

Duerme y nada más.

Esta noche, duerme

Mañana una muchedumbre de arcoíris

con lo que haya quedado vivo, ya conoces el mecanismo

te fabricarán una sonrisa nueva.


Ahora duerme y nada más,

esta noche, duerme.

No te castigues con la luna,

ese transatlántico indiferente,

este silencio pasará

volverán las palabras como pájaros,

como veranos, como soles

volverán las palabras

y alguien dirá tu nombre.

Esta noche, duerme,

echa el ancla y duerme,

duerme.


Que por unas horas oscuras nada te hiera.

No llores, no implores, respira y duerme

concéntrate en la respiración

y acaríciate un hombro,

amate un poco y duerme

esta noche duerme.


Mañana tendrás la oportunidad,

flamante y renovada de volverte a equivocar.

miércoles, 17 de abril de 2024

Poema 583. Alguien pronuncia mi nombre...

José Sbarra. Buenos Aires 1950-1996.


Alguien pronuncia mi nombre

la grúa detiene su acción devastadora

alguien pronuncia mi nombre

los obreros se quitan los cascos y abandonan su tarea

alguien pronuncia mi nombre

soy una demolición en suspenso.

viernes, 30 de junio de 2023

Poema 380. Kiplingada.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950-1996.


KIPLINGADA 

-poster - 


-Si eres capaz de mantenerte calmo ante los policías que arrastran a un joven manifestante. 

-Si puedes impedir que tu corazón manche de rojo las paredes de tu cuarto. 

-Si puedes mirar por TV mientras tomas un martini la marcha obsesiva y circular de esas mujeres. 

-Si puedes soñar pero le tomas medidas y le pones límites a tu sueño. 

-Si eres equilibrado como para entender que una despedida es un hecho tan natural como un encuentro. 

-Si sientes que no te contamina toda la mierda que te rodea.

-Si después de perder al ser que más querías consigues rehacerte en quince segundos y volverte a enamorar en el segundo siguiente, entonces... 

Eres un verdadero monstruo, hijo mío. Tuya es la tierra y lo que hay en ella.

domingo, 4 de junio de 2023

Poema 357. No dejes que te impresionen las estrellas...

José Sbarra. Bs. As., 1950-1996.


No dejes que te impresionen las estrellas

que quizás estén todas muertas.

No te dejes corroer por las canciones añejas

Duerme y nada más.

Esta noche, duerme

Mañana una muchedumbre de arcoiris

con lo que haya quedado vivo, ya conoces el mecanismo

te fabricarán una sonrisa nueva.


Ahora duerme y nada más,

esta noche, duerme.

No te castigues con la luna,

ese transatlántico indiferente,

este silencio pasará

volverán las palabras como pájaros,

como veranos, como soles

volverán las palabras

y alguien dirá tu nombre.

Esta noche, duerme,

echa el ancla y duerme,

duerme.


Que por unas horas oscuras nada te hiera.

No llores, no implores, respira y duerme

concéntrate en la respiración

y acaríciate un hombro,

amate un poco y duerme

esta noche duerme.


Mañana tendrás la oportunidad,

flamante y renovada de volverte a equivocar.

lunes, 3 de abril de 2023

Poema 310. III.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950 - 1996.


III


En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila. Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcanes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes.

¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila?

Toda la tierra con sus ardientes temperaturas y con sus inesperados desplazamientos les ordena amarse.

Y sobre la catedral volcánica del planeta, y sin saberlo, los pterodáctilos están amándose.

martes, 7 de febrero de 2023

Poema 207. De todo lo que conocí quiero más...


José Sbarra. Buenos Aires 1950 - 1996.


De todo lo que conocí quiero más

más nieve, más fuego

más sexo, más calma

de toda la locura quiero más

y de toda la pureza quiero más

más honor y más deshonra

más virtud y más bajeza

de todo lo que amé quiero más

de lo que aún no he probado quiero más

de todos los excesos quiero más

más dolor

más placer

quiero más

y cuando me muera

como una ráfaga y como una súplica

saldrá de mi boca la palabra más.

jueves, 2 de febrero de 2023

Poema 21. Alguien habrá acercado su mejilla...

José Sbarra, Argentina, 1950 - 1996.


¿Alguien habrá acercado su mejilla

a una almohada usada por mí para recordar 

el roce de mi piel?


¿Alguien habrá permanecido despierto

hasta la alta noche 

para seguir amando con su mirada

mi egoísmo dormido?


¿Alguien habrá caminado por una calle desierta

de un país lejano murmurando mi nombre

llamándome?


¿Alguien habrá serenado su corazón 

apretando contra su rostro

pequeñas ropas mías?


¿Alguien habrá preferido mi muerte

antes que verme

en brazos de otra persona?


¿Alguien habrá gozado

entrando al baño después de mí, 

con el vapor,

la temperatura y los perfumes 

de mi intimidad?


¿Alguien habrá deseado caer en el sueño

con mi sexo anclado en su 

cuerpo?


¿O solamente yo

amé de esa manera?