miércoles, 25 de junio de 2025

Poema 805. No nos une el amor.

José Sbarra. Buenos Aires, 1950-1996.


No nos une el amor


No, naturalmente, no nos une el amor

sobrevivimos sin amarnos

¿Cómo podríamos amarnos? Nadie ama a un desdichado

salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos

y su desdicha sea sólo aburrimiento o hartazgo.


Nos cansa pronto escuchar un gemido

y más aún cuando no proviene de un bello infante 

Abandonado

en una cesta a orillas de un lago de garzas y

flamencos.


No, los desdichados estamos confinados a sobrevivir en

la soledad masticando nuestra humillación como un veneno

que nunca nos mata.


No, naturalmente, no nos une el amor

en todo caso, lo que nos une es un idéntico resentimiento

una misma rebelión, una rebelión

tan desmesurada que acaba por volverse

estéril. No es una rebelión genuinamente política ni

religiosa, es la rebelión

de nuestro origen contra sí mismo

de nuestra sangre contra sí misma

de nuestra nada contra la nada o

de nuestro cielo contra el cielo de los otros.

Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo

que no existe.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une el magnetismo de esta casa;

nos une este laboratorio del dolor;

nos une este cuarto que nos aísla del Insulto,

del bostezo indiferente de la calle,

de las lluvias heladas del invierno,

del sol ardiente del verano;

nos une este lugar en el que somos contenidos

y este tiempo que nos mide.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une la misma búsqueda

(o la misma fuga)

Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes,

las mismas ignorancias

y el mismo deseo (una bruta ansiedad)

por conocer al menos el por qué de nuestro sufrimiento.


No, naturalmente, no nos une el amor

nos une, en el mejor de los casos, el terror a la

soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser

sin sentirnos inferiores y humillados.

Nos une un orgullo que se alza cuando más desmoronados estamos.

Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda

amarnos.


No nos une el amor

nos une la vergüenza.

Nos une el pudor de saber tan íntimamente cómo es el otro

y de no saber con la misma intimidad quién es el otro.

Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres

dichosos.

Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles.

Nos une el fracaso como un pacto de niños,

firmado con sangre y alfileres.


No, no nos une el amor

ni la esperanza de alguna vez amarnos

nos une nuestro empecinamiento contra las insalvables

distancias que nos separan.

Nos une la inercia de dos esculturas que, comparten una

plaza: cada una sobre su piedra sin poder alejarse un

solo paso

pero también sin poder acercarse un solo paso.

Nos une ese acercamiento incompleto

ese mirarnos cada uno desde su altura

(o desde su miseria)

Nos une un largo silencio cargado de palabras

que pesan demasiado para decirlas así porque sí,

sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.


No, no nos une el amor

que es un puente

lo que nos une es un abismo.

Nos une este lamento

que trazamos las tardes de lluvia como dos gatos

arrinconados por niños armados con piedras.

Nos une este lamento

como una esperanza involuntaria, inconsciente, de que él nos salve.


No, no nos une el amor

quizá sea el infortunio el que nos obliga a aferramos

con tanta vehemencia,

quizá sea este viento por el que nos dejamos arrastrar

o quizá sea esta penumbra que nos desdibuja.


No, no nos une el amor

nos une el acicate de una soledad idéntica y diferente

y no es únicamente el temor a la soledad presente

es también la premonición de encontrarnos solos en el

futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario