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jueves, 19 de septiembre de 2024

Poema 645. Pavana del hoy para una infanta difunta que amo y lloro.

Olga Orozco. Toay, 1920 - Buenos Aires, 1999.


PAVANA DEL HOY PARA UNA INFANTA DIFUNTA QUE AMO Y LLORO


A Alejandra Pizarnik


Pequeña centinela,

caes una vez más por la ranura de la noche

sin más armas que los ojos abiertos y el terror

contra los invasores insolubles en el papel en blanco.

Ellos eran legión.

Legión encarnizada era su nombre

y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,

arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.

El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.

El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.

El que pisa la raya no encuentra su lugar.

Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;

noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,

y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:

esa perversa tentación,

ese ángel adorable con hocico de cerdo.

¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?

¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?

Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín

donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.

Flor cruel, flor vampira,

más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro

y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.

Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,

abismos hacia adentro.

Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.

Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;

te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;

amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;

te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;

te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,

como lazos en manos del estrangulador.

¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,

y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!

Y de pronto no hay más.

Se rompieron los frascos.

Se astillaron las luces y los lápices.

Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro

laberinto.

Todas las puertas son para salir.

Ya todo es el revés de los espejos.

Pequeña pasajera,

sola con tu alcancía de visiones

y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:

sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,

sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,

o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,

o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.

Pero otra vez te digo,

ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:

en el fondo de todo jardín hay un jardín.

Ahí está tu jardín,

Talita cumi.

jueves, 2 de febrero de 2023

Poema 87. La abuela.

Olga Orozco, Toay 1920 - Buenos Aires 1999.


LA ABUELA


Ella mira pasar desde su lejanía las vanas estaciones,

el ademán ligero con que idénticos días se despiden

dejando sólo el eco, el rumor de otros días apagados

bajo la gran marea de su corazón.

De todos los que amaron ciertas edades suyas, ciertos gestos,

las mismas poblaciones con olor a leyenda,

no quedan más que nombres a los que a veces vuelven como a un sueño

cuando ella interroga con sus manos al apacible polvo de las cosas

que antaño recobrara de un larguísimo olvido.

Sí. Ese siempre tan lejos como nunca,

esa memoria apenas alcanzada, en un último esfuerzo,

por la costumbre de la piel o por la enorme sabiduría de la sangre.

Ella recorre aún la sombra de su vida,

el afán de otro tiempo, la imposible desdicha soportada;

y regresa otra vez

otra vez todavía, desde el fondo de las profundas ruinas,

a su tierna paciencia, al cuerpo insostenible, a su vejez,

igual que a un aposento donde sólo resuenan las pisadas de los antiguos huéspedes

que aguardan, en la noche, el último llamado de la tierra entreabierta.

Ella nos mira ya desde la verdadera realidad de su rostro.