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miércoles, 25 de junio de 2025

Poema 830. El trabajo de la felicidad.

May Sarton. EEUU, 1912-1995.


El trabajo de la felicidad


Pensé en la felicidad, en cómo se teje a diario

con el silencio de la casa vacía

y en que no es súbita ni gratuita

sino una creación, como el crecimiento de un árbol.

Nadie lo ve, pero detrás de la corteza

crece otro círculo en anillos que se expanden.

Nadie oyó a la raíz cavar más hondo en lo oscuro,

pero por ese trabajo hacia adentro el árbol se eleva

y sus penachos brillan, y sus hojas destellan.

Así, la felicidad se teje con la paz de las horas

y hunde sus raíces en lo profundo de la casa sola:

en el rincón, el busto antiguo; los frescos pisos encerados,

blancas cortinas que ondulan suave y continuamente

cuando libre se mueve el viento silencioso por el cuarto;

una biblioteca, una mesa y la pared blanqueada—

esos son los dioses de la casa, queridos y familiares,

aquí el trabajo de la fe puede hacerse mejor

y el árbol que crece es musical y verde.

Porque ¿qué es la felicidad sino crecer en paz,

el sentido atemporal del tiempo cuando los muebles

pasaron toda una vida en el mismo lugar

y los viejos sueños, así como el viento al moverse, agitan

las hojas de la felicidad presente?

Nadie ha oído una mente ni escuchado un pensamiento

pero donde alguien vivió en introspección

el aire queda cargado de bendiciones, y bendice;

las ventanas miran a las montañas y las paredes son amables.

miércoles, 19 de abril de 2023

Poema 317. Ahora me convierto en mí.

May Sarton. EEUU, 1912-1995.


Ahora me convierto en mí


Ahora me convierto en mí. Está

llevando tiempo, muchos años y lugares.

Me disolvieron y agitaron,

usé la cara de otra gente,

corrí como loca, como si el Tiempo estuviera ahí,

tremendamente viejo, gritando su advertencia,

"Apurate, o te vas a morir  antes de-"

(¿Qué? ¿Antes de alcanzar la mañana?

¿Antes de que esté claro el final del poema?

¿O de amar a resguardo entre los muros de la ciudad?)

Ahora a quedarme quieta, estar ahí,

¡sentir mi propio peso y densidad!

La sombra negra en el papel

es mi mano; la sombra de una palabra

mientras el pensamiento da forma a quien la forma

cae pesadamente sobre la página, se deja oír.

Ahora todo se funde, ocupa su lugar

del deseo a la acción, de la palabra al silencio.

Mi trabajo, mi amor, mi cara, mi tiempo

reunidos en el gesto intenso

de crecer como una planta.

Despacio como fruta que madura

fértil, se separa y siempre se agota

y cae, pero no agota a la raíz,

Así es el poema, puede dar,

crece en mí para volverse el canto,

hecho para y por el amor.

Ahora hay tiempo y Tiempo es joven.

Oh, en esta sola hora vivo

toda yo y no me muevo.

¡Yo, la perseguida, que corría como loca,

me quedo quieta, quieta y detengo al sol!