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sábado, 30 de marzo de 2024

Poema 567. Acerca de la libertad.

José Watanabe. Perú, 1945-2007.


Acerca de la libertad


Esta mañana han comprado un pájaro

como se compra una fruta

un ramo de flores. 


Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.


También Leonardo

pero midiéndoles el impulso y el rumbo.


Posiblemente en la infancia he pintado pájaros

pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.


Estoy tentado a liberar este pájaro

a devolverle

su derecho de morir sobre el viento.


Me van a pedir razones.


Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad

pero mi familia que es muy lógica


dirá que afuera solo

con el viento

a ver qué hago.

viernes, 9 de febrero de 2024

Poema 519. El guardián del hielo.

José Watanabe. Perú, 1945 - 2007.


El guardián del hielo


Y coincidimos en el terral

el heladero con su carretilla averiada

y yo

que corría tras los pájaros huidos del fuego

de la zafra.

También coincidió el sol.

En esa situación cómo negarse a un favor llano:

el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

El hielo empezó a derretirse

bajo mi sombra, tan desesperada

como inútil


Diluyéndose

dibujaba seres esbeltos y primordiales

que sólo un instante tenían firmeza

de cristal de cuarzo

y enseguida eran formas puras

como de montaña o planeta

que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.

Ama rápido, me dijo el sol.

Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,

a cumplir con la vida:

Yo soy el guardián del hielo.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Poema 445. Flores.

José Watanabe. Perú  1945-2007.


Flores


La madreselva se cerró al amanecer

y yo, sin su perfume, seguí creyendo en la poesía.

Es difícil persistir en la poesía, más aún

cuando ella misma nos desorienta:

en la desesperación

yo escribí poemas más sosegados.

¡Casi enloquezco pidiendo calma!

Ahora, después de la noche en blanco

y ningún verso, estoy en paz.

La madreselva, ya lo dije, se cerró al amanecer.

Otras flores habrá a lo largo del día.

Los lirios que pone mi mujer en la sala,

las rosas que dejan caer los cortejos fúnebres,

las flores carnívoras que se cierran tan violentamente

que apenas dejan ver a la abeja que matan.

De estas flores aprenderé, una vez más,

que la poesía que tanto amo sólo puede ser

una fugaz y delicada acción del ojo.