Leonardo Fróes. Brasil, 1941
Introducción al arte de las montañas
Un animal se pasea por las montañas.
Se raspa la cara con las espinas del matorral, pierde el aliento,
pero no desiste de llegar al punto más alto.
De tanto andar esforzándose se vuelve
un organismo en movimiento que reacciona a pasos,
y nada más. No siente hambre ni extraña ni tiene sed,
confía solo en los instintos que el destino dirige.
Siempre impulsado hacia la cumbre, el animal es un imán,
a escala de hormiga, que atraen las montañas.
Conoce cierta libertad cuando llega a la cima.
Se siente disperso entre las nubes,
le parece reconocer sus límites. Pero no sabe
aún que ahora le toca aprender a bajar.
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