Mariana Finochietto, Buenos Aires 1971.
En cada primavera
me enamoro.
Es una condición que traigo
desde chica,
cuando trepada a los ombúes
miraba
el patio florecer,
y el sol volverse tibio entre las hojas.
Yo también
debo ser estacional,
una florcita de corazón perenne,
porque me muero a veces
y otras veces
me estalla el cuerpo de amor
y me disperso
perfumada por el aire,
tan viva que me duele entre los huesos
la urgencia de ser.
En cada primavera,
sin que falle ni una vez,
yo me enamoro,
porque sé que es tiempo.
Sé que es tiempo.
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