Osvaldo Bossi, Buenos Aires, 1960.
27
No quiero guardar tus labios
en una jaula, ni tu pelo oscuro ni tus ojos
castaños. Por más hermosas que sean
tus orejas y tus rodillas. No quiero, no.
Es un oro muy raro y preciado el tuyo.
No se puede guardar en una alcancía
ni transportar en un camión de caudales.
No, no se puede. Su luz, su oscuridad
se pierden si uno lo toca. Además, se modifica
todo el tiempo. Pasa una moto, tiemblan
las hojas de un árbol y se modifica. Ni un mísero
relicario, ni el estuche más delicado del mundo,
de terciopelo, podrían contenerte. Cualquier cosa
se volvería, apenas lo cerrara con llave,
en un ataúd. Vives, precisamente, porque
vives lejos de mí. Ni siquiera me animo a decir
que te guardo en este poema. No, en este poema
menos que en ninguna parte. Este poema,
Robin, que es el lugar donde no estás.
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