María Gainza, Buenos Aires 1975.
Nací con un bozal
de fino encaje, resistente
como el hilo de una araña.
Fue algo que aprendí a llevar
con falsa comodidad. Me repetían
que a los hombres no les gustan
las mujeres opinionadas
y que tanto mejor
es darse a conocer
con una sonrisa fascinante.
En ciertos círculos pequeños,
aún me cuido de abrir mi mente
y las palabras se amontonan
en mi boca como una gárgara
que no puedo escupir.
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