jueves, 2 de febrero de 2023

Poema 85. La carpintería.

Raúl Mansilla, Comodoro Rivadavia 1959.


La Carpintería


Toda la luz que hay en esta mesa pertenece al 

recuerdo de tus ojos sobre la botella de plástico

retornable aquel verano.

Hablar es difícil, decir es difícil, escribir es difícil.

Esto fue una carpintería, ahora, de noche, las

cajas son decenas de ojos de cartón

(o sólo son cajas con nombres cortos y 

contundentes?)


Saladix, Presto Pronta, Natura, Cocinero, Cif, Bagley, Fargo.


El horizonte quedó siempre ahí

y el plato corta la mesa y la mesa corta el suelo

y la ruta come todo lo que hay en mis ojos 

y mis ojos se comen los ojos de las cajas

con nombres cortos y contundentes.


Ya no se quién vive en mi cuerpo: el espejo de Dorian Gray,

Dr. Jekill y Mr.Hyde, el Ying y el Yang. 

O sólo el hombre que de la casa al trabajo 

y del trabajo a su casa construyó esa pequeña cruz de madera 

clavada en la puerta.


Mi padre hizo una cruz de madera para su amigo 

que murió de cirrosis a los treinta y seis años. 

Yo era pequeño y vi la secuencia del serrucho 

del cepillo de la cola.

Hacer esa cruz fue tan difícil 

como la represa del Chocón.


De ese lugar salieron placares, sillas, sillitas, 

sillones, mesas, estantes, y el tremendo delirio 

del delirium tremens en el valle de los carpinteros; 

Keops, Kefren y Juan Mansilla.

Me voy pala villa a verlo a Mansilla, chiqui chic, 

chiqui, chic, chiqui, chic chiqui chic.


Y no da, no da para ser maldito, 

quizás explotando las puntas, los laterales,

las chapas de zinc ostrilión, 

el piso de cemento alisado y las cajas de cartón

que me persiguen desde niño.


Este era el paraíso de la madera, 

acá la viruta era en serio.

Tres por cuatro, cuatro por tres las arañas con sus telas

cubren el techo y no dejan crecer mas cajas de cartón 

sobre la cama. Nadie pierde el tiempo, 

todos demarcan territorio, mean, 

son meadas oscilando en el techo 

con la excusa de atrapar insectos.


Todo precario, en cajas, listo para rajar, 

tomarse el palo. Las valijas y los bolsos cerca, 

todo dentro de una caja de cartón. 

Ellas mandan, ellas vuelven recicladas

a morder tu sueño bueno.

En cambio nosotros nos vamos escapando 

de esas cruces de mierda, de ese serrucho, 

de esa lija, de esa parca

con ojos de cartón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario