Susana Szwarc, Chaco 1952.
Ir y venir
Viene el hombre que me trae la comida
(me gusta pedirla, me gusta abrir el papel
en que la envuelven y dejarla enfriar.
Es otra mujer la que cocina y dos hombres
la reparten por las casas).
Pero este sábado
él me pregunta: ¿qué hacés en tus clases?,
quiero leer poesía de ahora y no entiendo,
me dice.
Entonces lo hago pasar.
Busco los anteojos, busco el cenicero,
y abro a Juarroz primero
y abro a Gianuzzi después.
Me gusta abrirlos así, al azar, en alguna página,
ver cómo saltan las letras.
Café y manzanas leo, mientras la comida
que me trajo este hombre
se enfría más sobre la mesa.
Nos enredamos en esa música ajena
que se nos hace propia y los ojos
del hombre que me trae la comida
se llenan de lágrimas. Entiendo, me dice,
eso que no entiendo.
¿Y Borges? , pregunta, ¿creés que podré
con Borges? Le acerco un pañuelo
de papel y se seca las lágrimas.
Porque cuando lo leo no sé, sigue diciendo, no sé qué me pasa.
Antes de irse él vuelve a preguntarme: ¿entonces
me hicieron creer que no entiendo?
No entendemos
y ni falta que nos hace. Basta con llevar esas frases a la boca.
El hombre que me trae la comida se va.
Y yo saboreo lenta los trocitos.
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