Jimmy Liao. Taiwán, 1958.
Quiero escribir sobre el cuidado, no de ese que se receta, no de ese que supone un lugar previo al cual llegar, no de ese que se supone saludable, no del que repara lo frágil sino de aquel que acaricia para armar un borde cuando se necesita.
Agarrarte la patita rosada para que el suero corra y te alivie
Acompañarte en lo que puedas y en lo que pueda
Escucharte hablar de tu muerte y entender que tenés miedo
Como yo
Como nosotrxs
Hacer fuerza para que ningún día sea una condena sino un ejercicio activo y vital
Que lo vital no se trate de lo que se debe sino de lo que se puede y se quiere
Una pausa en el mar para soportar la tormenta de hoy
Abrazar a alguien y ayudarle a respirar, no hay nada más feo que creerse morir de angustia
Que alguien me abrace, cuando la angustia te hace creer la muerte
Restituir el cuidar, a mi también me cuidan
Que el cuidar no se demande ni exija
que se desee
Preguntar como están y soportar también el silencio
Acariciar lo frágil tan suave para que no se rompa ni se arregle, a veces lo quebrado es la potencia de lo posible
Hacer una ronda de nuestros días, mezclar las palabras hasta que perdamos nuestro idioma
Recordarnos que la precariedad de los días precariza la vida, vulnera la existencia, la empuja hacia la soledad abismal
Cuidar: una forma a contrapelo que contrarreste tanta crueldad.
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