Misael Castillo. Santa Fe, 1993.
Estás sentada en la cama
tenés en las manos tu corazón,
esa estrella de fuego que empuja
el mundo hacia su eje.
Hacemos ese juego de ternuras,
el viaje díscolo
de tus manos a las mías,
hacemos la vibración
de cada átomo
con el movimiento de la fe.
Yo quiero para nosotros
un destino, un pasadizo
de madera humedecida
que una lo perdido.
Necesito lo que hicimos:
El galopar nocturno
ese viento fresco en el rostro
que dejan las flores de tu barrio.
Yo no tengo miedo
hasta que tengo miedo.
Necesito ese temblor
que me mires a los ojos
que me digas las palabras
necesito el temblor
ambivalente
que hacen tus palabras.
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