Ariel Williams. Trelew, 1967.
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Hay que tener un cerebro ondulante y hay que conseguir
músculos largos. En la inmensidad de las estaciones que
suceden. Llegan los vientos, llegan los extensísimos terrenos.
Llega el invierno con sus peces en lo oscuro de los ríos.
Nuevas pituitarias sabrán buscar los aromas fríos y babosos,
se orientarán en las tierras destempladas, seguirán los humos
de las fogatas grandes. Hay animales con una curvatura original,
hay animales que son encrucijadas. En un gesto que repito,
se va formando una mano otra. Mano con ciertos dedos
extrasentimentales.
Ahí van las pieles, el suave centro de los enjambres, una cara
que podría haberse llamado Erberta. Y hay un espacio profundo,
que no es el lugar de nadie.
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