jueves, 2 de febrero de 2023

Poema 49. Sestina.

Elizabeth Bishop, EE UU 1919 - 1979.

 

Sestina


Una lluvia de septiembre cae sobre la casa.

En esmirriada luz, la vieja abuela

sentada en la cocina con la niña

junto a una pequeña maravilla de estufa,

lee los chistes del almanaque,

riendo y hablando para ocultar sus lágrimas.


Piensa que el equinoccio de sus lágrimas

y la lluvia que golpea el techo de la casa

fueron ambos predichos por el almanaque,

para conocimiento sólo de una abuela.

Canta la pava de metal sobre la estufa.

Ella corta más pan, dice a la niña,


es hora del té ahora; pero la niña

en la pava ve cómo unas duras lágrimas

alocadas bailan sobre la negra estufa,

igual que ha de bailar la lluvia sobre la casa.

Al poner orden, la vieja abuela

cuelga el astuto almanaque


de su cuerda. Como un pájaro, el almanaque

planea sobre la niña,

planea sobre la vieja abuela

y su taza repleta de oscuras lágrimas.

Ella tiembla y dice que está la casa

fría y agrega leña a la estufa.


Debía ocurrir, dice la estufa.

Sé lo que sé, dice el almanaque.

Con lápices traza la niña una casa

y un corredor tortuoso. Luego la niña

hace un hombre con botones como lágrimas

y orgullosa lo muestra a la abuela.


Pero, en secreto, mientras la abuela

se atarea alrededor de la estufa,

pequeñas lunas caen como lágrimas

desde las páginas del almanaque

a los canteros de flores que la niña

puso con cuidado ante la casa.


Tiempo de sembrar lágrimas, dice el almanaque.

Canta la abuela a la maravillosa estufa

y la niña dibuja, inescrutable, otra casa.


Trad. Maria Negroni

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