Lù Yú 陆渔, 1969.
FINJO QUE ESCRIBO POESÍA
Yo finjo todo el tiempo que escribo poesía.
En mis años jóvenes fingía la métrica y la rima.
Del océano de las baladas antiguas
atrapo una gran pila de pececitos y camarones
que amontono para producir el misterio de la inspiración poética,
sacudo la cabeza y revoleo la mente simulando entrar en éxtasis.
Finjo que escribo poesía.
Copio desde el chino clásico hasta el estilo contemporáneo.
Manoteo algunos textos traducidos que ni fu ni fa
para espolvorear un toque de pimienta occidental moderna
y hacerme el que olvidé la fuente del poema,
simular que me perdí por completo en la divinidad de la poesía.
Finjo que escribo poesía.
Intento hacer ver que tengo temperamento de poeta
hasta que por fin se descubra la verdad.
Ofrezco al menudeo letra escrita como un vendedor ambulante,
como un loro que aprendió a hablarle a la gente,
como un perro pequinés que pide aplausos.
Finjo que escribo poesía.
Pero ¿acaso tengo al menos una pequeña fracción de talento?
En lo más oscuro de la noche leo buenos poemas de otra gente,
me entro a acurrucar en mi espíritu tremendamente mediocre,
a la vez largando lágrimas de celos
y robando bien en silencio la inspiración de otros.
Finjo que escribo poesía
para sublevarme contra la cobardía de mi carácter,
contra la vulgaridad de mi corazón,
hundiéndome de lleno en cada día para protestar contra el sol,
en rebelión contra el amor que nunca tuve,
contra la pálida esencia de la vida.
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