jueves, 2 de noviembre de 2023

Poema 468. Mantequilla de maní.

Eileen Myles, EEUU, 1949.


mantequilla de maní


Siempre tengo hambre

y ganas de tener

sexo. Esto es un hecho.

Si te tragas

la nueva

mantequilla de maní

no procesada sabe

a mierda  deberías

comprarla en un frasco, como

siempre, en el

supermercado más grande

que conozcas. Y

yo soy enemiga

del cambio, como

ya sabes. Todas

las cosas que

acepto como nuevas

son en

realidad cosas viejas,

relanzadas: nadar,

la sensación de

estar sucia en

cuerpo y alma,

el verano como un

tiempo para no

hacer nada y no hacer

dinero.  Rezar

como último re

curso. El placer

como medio,

y luego un

medio otra vez

sin fin a la vista. Estoy

en total oposición

a cualquier tipo de

meta. No tengo

deseo de saber

a dónde, cualquier cosa

me lleva.

Cuando hierve

el agua tomo

una taza de té.

Por accidente

leo todos los

trabajos de Proust.

Era verano

yo estaba ahí

y él también.

Escribo porque

me gustaría

ser utilizada en

los años después

de mi muerte. No

solo mi cuerpo

será composta

sino los pensamientos

que dejé durante

mi vida. Durante

mi vida fui

una mujer con

ojos almendrados. Afuera

de la ventana

hay un silo

torcido. Partes

de tu

cuerpo que pienso

cual franjas

que he tenido que

aprender

a amar. Nosotros

nadamos desnudos

en estanques y

escribo de-

trás de tu

espalda. Mis pensamientos

sobre ti no

son precisamente

prohibidos, sino

exaltados porque

son inútiles,

sin intenciones

de atraparte

porque yo

te tengo y tú

me amas. Es más bien

como el recreo

donde juego

con mi reflejo

de ti hasta

que vuelves

y dentro del

tú real yo

hundo mis

dientes. Contigo

yo sé cómo

relajarme. Y entonces

trabajo detrás de tu

espalda. Lo que

es encantador.

La naturaleza

está fuera de control

me dices y

eso es lo que es tan

bueno de

esto. Estoy inmoderadamente

enamorada de ti,

noqueada por todo

tu nuevo cabello blanco

por qué no debería

algo

que siempre he

conocido ser lo

mejor que

hay. Te amo

desde mi

infancia,

empezando ahí

donde

un día

como

el resto, casual

crecimiento y

brisas, amor

constante, un sand-

wich a medio

día,

un paso corto

en el tan

cotidiano

camino del

sol. Yo

bizqueo. Yo

guiño. Yo

aprovecho el

viaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario