Nicanor Parra. Chile, 1914-2018
Ecopoemas
Ya no pedimos pan
techo
ni abrigo
nos conformamos con un poco de aire
EXCELENCIA!
Artefacto poético de Shirley Temperley. Un poema llega cada día a tu WhatsApp. En este blog, la recopilación de esos envíos.
Nicanor Parra. Chile, 1914-2018
Ecopoemas
Ya no pedimos pan
techo
ni abrigo
nos conformamos con un poco de aire
EXCELENCIA!
Patricia García-Rojo. España, 1984.
MEMORÁNDUM
haz del pecho un prado
y no una jaula.
Iris Rivera. Buenos Aires, 1950.
de la retacería hasta mi casa
viene lloviendo un hilo
que sale de la tela
con la que fue tejida mi camisa
aquella
en la máquina Singer de mi vieja
que llovía a chaparrones
y me arrulla
ahora mismo
su sonido a pedal
a tormenta de noche
Xi Chuan. Xuzhou, 1963.
Tus células. Tu estrella. Tu escondite. Tu esquina. La puerta de tu casa. Tu silla sin pintar.
Una nube blanca se detiene en el cielo, como un tambo flamante.
Una araña trepa por mi espalda. Yo estoy absorto hace un rato mirando la tierra.
Antes de que aparecieras, yo casi no era yo mismo.
Aunque los tiburones mordían en el agua y los tigres atacaban en el bosque,
esta ciudad vacía necesitaba que golpearas con tus dedos el vaso y la mesa.
Así que necesitaba que emergieras de la nada, o que bajaras de un techo.
Así que buscaba frenéticamente tus huellas en el vidrio.
¿Pero quién sos? ¿Tenés un hermano mayor, una hermana menor? ¿En qué lugar naciste?
Sos como un invitado que no llega nunca a una cena,
y cuando al fin venís, extendés tus manos para abrazar puro viento.
Una brisa ligera a veces trae una lluvia feroz, y luego es la noche de las comadronas, y luego la mañana de los barrenderos.
Tengo pensamientos disparatados acerca del comienzo secreto de todo.
Dejame que te agarre la mano.
Vestida con esas medias largas, como una diosa de la antigüedad, parecés inventada.
Mirá, mis manos son más grandes que las tuyas, mis pies más sucios que los tuyos, pero compartimos la misma luz, y la misma oscuridad asimila nuestro miedo y nuestro coraje.
¿Pero quién sos?
¿En qué te basás para existir?
Martín Di Benedetto. Puerto Madryn, 1986.
la raíz encuentra la raíz
pero no busca.
todo lo que acontece a un árbol
es ser.
te preguntaste
cuándo vendrá el otoño
en pleno verano
las calles vacías hablan más
que las calles llenas
buscar tu amor mientras caminás
es una vida corta.
pero esto es sólo cielo
esto es sólo baldosa
esto es sólo puerta:
te juro que es lo mismo
aunque busques detrás
en realidad es todo junto.
siempre se agota el tiempo
esa es la trampa de lo eterno
darse cuenta
que no hay adelante
que no hay atrás.
Lola Arias. Buenos Aires, 1976.
Uno. Voy a dejar de mentir. Voy a dejar de fumar. Voy a dejar de tener miedo a la oscuridad. Dos. Nunca más voy a cometer errores porque es de noche o hace frío o tengo sobre la cabeza una nube melancólica. Tres. Tengo que dejar de perder el tiempo. Cuando llegue a casa voy a ponerme a escribir. No voy a atender el teléfono ni a comer los restos de mi heladera ni a leer todos esos libros que esperan como rascacielos en la mesita de luz. Cuatro. Mañana voy a cumplir treinta años. En lugar de hacer una fiesta voy a meterme en la bañadera a leer mis diarios viejos. ¿A qué edad termina la juventud?. Cinco. No escucho mi corazón debajo del agua. Podría morir ahora y no me daría cuenta. Si me muero quiero ser quemada y que mis cenizas vayan al mar o al río o que las tiren en el inodoro. Prefiero estar muerta debajo del agua que debajo de la tierra. Seis. Tengo que aprender a respirar mejor. Me gustaría que el aire saliera de mí sin que me diera cuenta, como si fuera una sirena hundida en una bañadera.
Jillian Kwon. Los Ángeles, 1988.
Esta canción se autodestruirá.
En algunos segundos, solamente,
mientras vos caminás bajo los árboles
y el sol te va borrando la mirada.
Esta canción se autodestruirá.
Allen Ginsberg. Estados Unidos, 1926-1997.
Mensaje
Desde que empezamos a cambiar
parrandear girar trabajar
llorar & mear juntos
me despierto por la mañana
con un sueño en los ojos
pero tú estás lejos en Nueva York
recordándome Bueno
te amo te amo
y tus hermanos están locos
acepto sus alcohólicos casos
Hace demasiado que estoy solo
hace demasiado que me siento en la cama
sin que nadie acaricie mi rodilla,
hombre o mujer qué me importa ahora,
yo quiero amor
para eso nací
quiero que estés conmigo
Barcos transoceánicos hirviendo sobre el Atlántico
Delicadas estructuras de rascacielos sobre Lakehurst
Seis mujeres desnudas bailando juntas
sobre una plataforma roja
Las hojas están verdes ahora en todos los árboles de París
Estaré en casa dentro de dos meses
y te miraré a los ojos.
Jean Cocteau. Francia, 1889-1963.
mi casa se estaba quemando y sólo podía salvar una cosa
decidí salvar el fuego
no tengo dónde vivir pero el fuego vive en mí
y me defiende discretamente de todo lo impuro
mi futuro ya no es importante
sólo cuenta la intensidad del instante
Irene Gruss. Buenos Aires. 1950-2018.
movimiento
Una mujer sola frente al mar
es más majestuosa que él.
Puede pasar una gaviota
augurando la muerte
o puede caer el sol, humedeciendo
las lonas de las carpas
hasta apagarlas,
pero una mujer
frente al mar
mece su soledad como una dueña
y no se estremece.
La luz
del mar tiene la importancia
y el movimiento de su ánimo, de su alma.
El viento suena alrededor
de la mujer
y la despierta:
ahora se trata de la playa sin luz, una mujer,
el sol caído, el sonido del mar
carpas levantadas,
el viento que lo da vuelta
todo.
Circe Maia. Montevideo, 1932.
Ha visto las palmeras de su plaza
casi al amanecer o cuando cae
la sombra y ha cruzado
-y siempre en diagonal- al mediodía.
Esas palmeras, esas anchas calles
por donde el paso anuda
sus rápidas puntadas
¿no son acaso suyas?
Más bien es al revés: él es de ellas
y ahora lo descubre.
Ellas: él mismo en ellas
caminante y camino.
Roberto Bolaño. Chile, 1953-España, 2003.
RESURRECCIÓN
La poesía entra en el sueño
como un buzo en el lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Batalón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.
Franco Rivero. Corrientes, 1981.
el día que más te extrañé estaba cocinando
el tiempo había cambiado cayó viento
y empezó a llover
cortó la luz
primero abrí una ventana para sentir
el olor a lluvia
pelaba una papa y el corazón me pelaba el rostro
pelaba otra papa y el corazón me seguía pelando el rostro
así que dejé todo como estaba
me saqué la ropa y fui a la lluvia
jugué como se juega cuando se quiere llorar
salté el tiempo suficiente para que el corazón
bajara
del cuello
no hizo falta que llore
la lluvia me había desahogado
la lluvia siempre me ha desahogado
volví y mi piel olía a mal tiempo
me sequé apenas
seguí cocinando
en absoluta coherencia
pelaba el corazón en las papas que quedaban
y el rostro ocupaba el lugar del corazón